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¿Dónde está Mona Lisa?

La universalmente conocida Mona Lisa, pintada a comienzos del siglo XVI por el genial artista italiano Leonardo da Vinci, posee un secreto aún mayor que el de su misteriosa sonrisa. Las crónicas hablan de la existencia de “otra” Mona Lisa pintada por el mismo Leonardo, prácticamente idéntica, pero con una característica muy especial: seguramente se trate de la auténtica Gioconda.

La Gioconda /

Como defiende el investigador británico Colin Wilson una pregunta del tipo a ¿dónde está Mona Lisa?, puede resultar un tanto evidente. Todos podríamos contestar al unísono: en el museo del Louvre. Sin embargo, la cuestión no es en absoluto tan sencilla. Existen varios documentos contemporáneos a la ejecución del cuadro (principios del siglo XVI) como el libro de Giorgio Vasari (1511-1574) Vidas de los mejores pintores, arquitectos y escultores italianos (1550, revisado en 1568) o incluso un boceto realizado por el mismísimo Rafael Sanzio (1483-1520) sobre el retrato de la Gioconda, que dan a entender la existencia de, al menos, dos cuadros diferentes, y que se corresponderían con otros tantos retratos de mujeres también distintas. Al parecer, todos pertenecerían al sin par pincel de Leonardo da Vinci pero solamente uno de ellos sería la figura de la verdadera Madonna Lisa Gherardini, tercera esposa de un acaudalado comerciante florentino, el marqués Francesco Bartolomeo del Giocondo, veinte años mayor que ella y con quien había contraído matrimonio en 1495. Y lo más curioso de todo: la famosa “Gioconda” del Louvre no sería quien dice ser, sino una mujer desconocida.

La obsesión de Leonardo

Por alguna razón extraña que ninguno de los biógrafos de Leonardo ha sabido responder, el pintor italiano se obsesionó con Lisa, no separándose nunca más de aquel misterioso retrato. El ya aludido Giorgio Vasari, cuenta en sus Vidas de los mejores pintores que Leonardo abandonó Florencia dejando el retrato inacabado, matizando además que “esta obra la tiene hoy el rey Francisco I de Francia, en Fontainebleu...” ¿Se está refiriendo Vasari al mismo cuadro que ahora se conserva en el Louvre, que procede de las colecciones reales, y que le costó a Francisco I, según cuenta en 1642 el padre Dan, 12.000 francos (4.000 escudos de oro)?

Tampoco hay que olvidar que Vasari hace mención a algunos detalles que contradicen la identificación de la Gioconda con la copia del Louvre. El historiador del arte italiano comenta que “en las cejas (de la Gioconda) se apreciaba el modo en que los pelos surgen de la carne, más o menos abundantes y, girados según los poros de la carne, no podían ser más reales”. Curiosamente la Gioconda del Louvre no tiene cejas ni pestañas. La razón de esta ausencia, según algunos críticos como José Pijoan, se debe al mal estado de conservación del cuadro y al irremediable paso de los siglos. Sin embargo, las radiografías realizadas a la obra del Louvre dan a entender claramente su perfecto estado de conservación.

Si a esto añadimos la historia de su robo en el verano de 1911, la Gioconda se convierte esta semana en un referente obligado para nuestro programa y nuestro Cronovisor.

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