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El ojo izquierdo

Y además, los jueces

Vamos a ver muy pronto si también hay que sumar a la larga cosecha la disputa entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Que asuma el caso quien corresponda, pero recuerden que la justicia debe ser ciega, no estúpida

Los destrozos que ha causado en el tejido social, económico y político la enloquecida saga fuga de Carlos Puigdemont y su Govern, condenada desde el primer día, y ellos lo sabían, al más sonoro de los fracasos, pueden aumentar si los jueces no logran zanjar con sentido de Estado o, mejor aún, con sentido común una disputa de jurisdicción. El llamado proceso ya ha conseguido enemistar a catalanes con catalanes, a catalanes con el resto de españoles, al Govern con el Gobierno, a socialistas con socialistas, ha propiciado la lucha interna en Podemos y ha echado a los empresarios. Vamos a ver muy pronto si también hay que sumar a esta larga cosecha la disputa entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. El magistrado Pablo Llarena ha pedido a la jueza Carmen Lamela un informe sobre sus actuaciones, y todo el mundo ha interpretado, como ya se anunció aquí hace algunos días, que finalmente el Supremo se hará con todos los papeles sobre Cataluña. Intuyen varios expertos que esa decisión acabaría con la puesta en libertad de los acusados ahora presos. Es pronto para saber qué ocurrirá, pero ojalá entre los jueces no llegue a producirse un nuevo cisma. Que asuma el caso quien corresponda, pero recuerden todos ellos, como también dijo un día el Ojo, que la justicia debe ser ciega, pero no estúpida. Amén.

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