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Momias

El origen de la palabra está precisamente en el nombre del betún que se empleaba para conservar los cuerpos de los difuntos en el antiguo Egipto.

En primer lugar habría que distinguir tres tipos de preservación de los cuerpos humanos o de animales:

- Preservación deliberada por medios científicos (momificación o embalsamamiento). Son aquellos cuerpos que se someten a un proceso químico y sofisticado. Son conocidos los casos de las momias más antiguas del mundo, las de la cultura Chinchorro en Chile, las de Egipto o las momias guanches.

- La momificación natural o accidental, casos en los cuales el cadáver ha sido expuesto a ciertas condiciones físicas y ambientales, dando lugar a un resecamiento del cuerpo, con la piel acartonada como si fuera cuero curtido. El entierro en una atmósfera seca y cálida, sin nada de humedad, permite la rápida evaporación de los fluidos del cuerpo, interrumpiendo la disolución de los órganos internos. Es el caso de algunos santos (como la beata Mariana de Jesús o sor María Jesús de Ágreda) y también el de los cadáveres conservados y expuestos a la curiosidad del público como en el Mausoleo de los Amantes de Teruel o las catacumbas de los Capuchinos en Sicilia.

- Los cuerpos incorruptibles. Son los más misteriosos pues desafían las leyes de la naturaleza, preservándose incorruptos (sin deterioro visible) a través de los siglos, sin importar en donde hubieran sido enterrados. Estos cuerpos incorruptos no obedecen a ninguna ley, porque no depende ni de la forma, ni de la temperatura, ni del lugar del entierro. Ni siquiera se ven afectados por el tiempo esperado para el entierro tras la muerte, ni por la humedad de las tumbas (como le ocurrió a san Isidro Labrador), ni por los frecuentes traslados ni siquiera por estar cubiertos con cal viva (San Francisco Javier y San Juan de la Cruz).

Y con el tiempo muchas momias legendarias pasaron de ser objetos sagrados y reliquias para convertirse en medicamentos y pigmentos. Era complicado allá por el Renacimiento conseguir una rica paleta de colores. Unos pigmentos eran venenosos; otros, carísimos, o provenían de tierras demasiado lejanas o había que extraerlos de minerales difíciles refinar. Los colores más asequibles se obtenían directamente del suelo. Eran los ocres, los marrones, los sienas naturales y tostados, etc. De entre todos los pigmentos al uso, se hizo muy popular el ‘Marrón Momia', un pigmento formado por harina de hueso y betún de embalsamar que se obtenía al pulverizar -sin el menor escrúpulo arqueológico- las momias egipcias.

De hecho, el origen de la palabra "momia" está precisamente en el nombre del betún que se empleaba para conservar los cuerpos de los difuntos en el antiguo Egipto. El proceso de embalsamar cadáveres consistía en rellenar las cavidades del cuerpo de bálsamos y ungüentos y sumergirlo después durante cuarenta días al menos -pero no más de setenta- en una mezcla de nitro, sal común y alumbre a fin de sacarle todas las humedades y dejarlo bien seco. Después se lavaba el cuerpo ya bien amojamado y se vendaba con tiras de lino finísimo cosidas entre sí para, finalmente, embadurnarlo con "mumiya", nombre común que emplean los árabes para el betún de embalsamar.

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