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El dietario de Ramoneda

No se pueden poner puertas al campo

Josep Ramoneda reflexiona sobre la huelga del taxi, la financiación territorial y la imagen de Podemos dentro del independentismo

Masiva huelga del taxi. Me decía un taxista que en vez de huelga habría sido mejor hacer el servicio normalmente pero sin tarifa: que el pasajero pagara la voluntad. No es mala idea una forma de huelga que empatiza con el público. Puede que las estructuras tradicionales del taxi sean rígidas y arcaicas, pero no cabe resignarse a que el mundo va inexorablemente hacia el negocio de plataformas y que no se pueden poner puertas al campo. Hay que regular. Porque una economía en que arrasa el intermediario que no arriesga nada y que se lucra a costa del que aporta la mano de obra y la máquina (el coche en este caso) es una vía imparable a la desigualdad y a la precarización social. Y, como consecuencia, al autoritarismo.

Cataluña una vez más recalienta las reivindicaciones territoriales y despierta las pulsiones identitarias en la piel de toro. Ya ocurrió en 2006 cuando se dotó de un nuevo Estatuto: otras autonomías corrieron a reformar el suyo. Mientras el PP excitaba al nacionalismo español contra Catalunya para preparar el asalto a Zapatero. Ahora, al tiempo que Madrid y otras ciudades españolas se repueblan de banderas, otras autonomías están haciendo oír su voz reivindicativa. La irritación ha crecido cuando Urkullu ha pactado con Rajoy la renovación del cupo vasco, confirmando la sabiduría del PNV. Algunos dirán que los jesuitas siguen siendo la mejor escuela política de España. Urkullu sabe perfectamente que el primer objetivo de un gobernante –Rajoy, en este caso- es conservar el poder. Y se lo ha cobrado. Así de simple. Para seguir alimentando el barullo solo faltaba la última propuesta de Miquel Iceta: que se perdone a Cataluña parte de los 52 mil millones que debe.

Dentro y fuera de su entorno, desde casa y desde los demás partidos, se acusa a Podemos de seguidismo con los secesionistas. Lo que se critica en Cataluña, la adhesión obligatoria al nacionalismo catalán, está ya perfectamente vigente en la política española: prohibido desmarcarse de la defensa cerrada de la unidad de la patria. Podemos es la oveja negra que se distancia del ritual obligatorio. Pero los que le critican deberían tener presente un dato muy relevante: Podemos ha sido fuerte dónde iba con socios del territorio y no lo ha sido dónde ha ido solo. Y eso obliga a tener en cuenta las distintas sensibilidades de cada escenario. Salvo que quieran quedarse solos, que ya se ha visto que no es su fuerte. En Cataluña o están con los Comunes y sus ambigüedades calculadas o no estarán.

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