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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

In memoriam Ignacio Ellacuría

Saber que el coronel Montano durmió anoche en los calabozos de la Audiencia Nacional no alivia el dolor que padecieron aquellos jesuitas y sus seres queridos, pero calienta un poco el corazón saber que finalmente responderá de sus crímenes

“El coronel Ponce, que tenía bajo su mando a todos los operativos, estaba en una sala del Estado Mayor, charlando con los coroneles Inocente Montano, Francisco Fuentes y Juan Cepeda. Ponce, delante de todos los oficiales, ordenó eliminar al padre Ignacio Ellacuría, rector de la Universidad Centroamericana, en San Salvador, UCLA, sin dejar testigos”. El jesuita español, cuatro compañeros suyos, una mujer que les atendía en la casa pastoral y su hija, una chiquilla de 15 años llamada Celina, fueron acribillados a balazos en la madrugada siguiente, el 16 de noviembre de 1989. Así lo contó la Comisión de la Verdad creada bajo el auspicio de la ONU en un informe que hizo público tres años después y que El País publicó en su momento. Ayer ese mismo coronel salvadoreño Inocente Orlando Montano llegó a Madrid, extraditado por Estados Unidos, para comparecer ante la Audiencia Nacional por esos asesinatos.

El padre Ellacuría, cuya memoria es aun reverenciada por las clases populares en El Salvador, luchó con todas sus fuerzas y toda su inteligencia para intentar conseguir la paz en ese país centroamericano, país desgarrado por la guerra civil en aquellos años y víctima de continuas matanzas cometidas por sus fuerzas militares. El arzobispo de la ciudad, Oscar Romero, que intentó algunos años antes parar esas masacres fue también asesinado al pie del altar de la catedral.

Según el relato de la Comisión de la Verdad, el coronel Montano, viceministro de Seguridad Pública en aquellos días, manifestó públicamente su inquina contra los jesuitas de la UCLA a los que señaló calificándolos de "miembros de los movimientos subversivos”. Saber que el coronel Montano durmió anoche en los calabozos de la Audiencia Nacional no alivia el dolor que padecieron aquellos jesuitas y sus seres queridos, pero calienta un poco el corazón saber que finalmente responderá de sus crímenes.

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