La Inquisición y Santa Teresa de Jesús

Desde que esta institución se creó en España en el año 1478, a instancias del Papa Sixto IV y de los Reyes Católicos, muchos ríos de tinta y de sangre han corrido para justificar su presencia o para explicar sus métodos expeditivos a la hora de imponer una doctrina católica a machamartillo

Esta Inquisición se iba a ocupar del problema de los llamados "marranos", los judíos que por coerción o por presión social se habían convertido al cristianismo. Después de 1502 centró su atención en los conversos del Islam y en la década de 1520 en los sospechosos de apoyar las tesis del protestantismo. A los pocos años de la fundación, el papado renunció en la práctica a su supervisión en favor de los soberanos españoles. De esta forma la Inquisición española se convirtió en un instrumento en manos del Estado más que de la Iglesia, aunque los eclesiásticos, y de forma destacada los dominicos, actuaran siempre como sus funcionarios.

Estuvo dirigida por el Consejo de la General y Suprema Inquisición (más conocido por la Suprema), pero sus procedimientos fueron similares a los de su réplica medieval. Con el tiempo, se convirtió en un tema popular por su crueldad y oscurantismo. Muchos fueron los que sufrieron sus consecuencias por no seguir al pie de la letra sus órdenes. No todos fueron gente plebeya sino que también dentro de la propia Iglesia hubo sus más y sus menos a la hora de determinar quien se ajustaba al dogma católico y quién no. Que se lo digan a fray Luis de León o al cardenal Carranza que fue arzobispo de Toledo o a Santa Teresa de Jesús que sufrieron los rigores de la "Santa Inquisición".

En el caso de santa Teresa fueron dos las acusaciones que tuvo, una por parte de una monja sevillana llamada María del Corro y otra nada menos que por la princesa de Éboli que tuvo sus encontronazos con Teresa cuando construyó un convento de carmelitas descalzas en Pastrana. Las dos chocaron desde un primer momento: una era austera y la otra ostentosa. Cansada de los desmanes de la caprichosa princesa de Éboli que, a la muerte de su marido, se vistió con un hábito y se trasladó a vivir al convento acompañada por un gran séquito de sirvientes. Finalmente, a escondidas y en medio de la noche, Teresa tomó la decisión de huir de Pastrana hacia Segovia. Ana de Mendoza se convirtió desde entonces, en una terrible enemiga y para vengarse de los reproches de Teresa, obtuvo el manuscrito original de la autobiografía "El Libro de la Vida" y lo divulgó sin su permiso. En ambas denuncias, este manuscrito fue el arma arrojadiza que utilizaron para acusar a Teresa de ser una alumbrada o iluminada, secta herética que por entonces estaba muy en boga. De ambas acusaciones salió bien parada. Tuvo suerte. Otros, en cambio, no la tuvieron tanto pues fueron perseguidos, torturados y ajusticiados, sobre todo los que eran judaizantes o moriscos, y no tanto los casos de brujería o hechicería que en los países católicos fueron menos perseguidos en que en los países protestantes.

Un institución funesta que generó una "leyenda negra" sobre España por el número de perseguidos y por el hecho de perdurar mucho tiempo, demasiado, nada menos que hasta 1834 cuando la reina María Cristina la abole definitivamente cuando ya en el resto de Europa había pasado a mejor vida.

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