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La llamada de la historia

Nina Simone

Una de las grandes voces del siglo XX

Éramos ocho hermanos, y a pesar de esto, en casa se escucha música. A veces veía cantar y bailar a mi padre y otras, escuchaba gospel en la voz de mi madre. Había un órgano al que me aproximé cuando pude alcanzarlo, tenía apenas tres años.

Pasé entonces a recibir clases de verdad, de piano, y mi primer recital, con diez años, fue mucho más que una aproximación a la que sería mi vida: tocando frente a público. Fue también un golpe de realidad, un acercamiento a la sociedad que me había tocado vivir, con el color de piel con el que había nacido.

Mis padres estaban sentados en primera fila, para verme, así que les dijeron que debían ceder esos asientos de primera fila a personas blancas. Fue también mi primer acto de rebeldía: me negué a interpretar ninguna pieza al piano si mis padres no estaban ubicados en los sitios que les correspondía.

El segundo golpe relacionado con mi amor a la música y con la discriminación racial de mi país en mi época ocurrió cuando traté de obtener una beca para estudiar música. Fui rechazada, supuestamente por falta de plazas, en la realidad que vi, porque era negra. Así mi vida musical se inició y se curtió en tugurios y bares donde traté de explicar que solo sabía tocar el piano a la vez que empecé a cantar.

What happened, Miss Simone? es un documental que narra en profundidad su vida

Tras los clubes y el nombre artístico, llegaron los primeros contratos discográficos: primero más tranquilos y luego, tras convertirme por primera y única vez en el número uno del top 40 de Estados Unidos, llegaron los contratos más poderosos, como el que me hizo grabar diez discos en cinco años, además de formar parte de bandas sonoras de distintas películas.

Se ha hablado de mí tanto...Se ha contado que era una mujer pasional, que pasaba de la altivez a la reivindicación, que tenía un carácter peculiar...¿y quién no? ¿o cuántos más sí? En lo personal, estuve casada con un policía que fue también mi manager y también el padre de mi única hija: Lisa.

Cantante, compositora, pianista y una mujer implicada en la defensa de los derechos civiles. Artista tan irrepetible como reconocible, sus biografías la definen como un ser tan válido como complicado. / S Moda - El País

Mi vida iba cambiando pero el racismo se mantenía en la sociedad que habíamos construido entre todos, así que decidí que abandonar Estados Unidos era la mejor de las opciones. Fue tras la muerte de Martin Luther King y tras haberme, supuestamente, radicalizado en mi lucha.

Me separé de mi marido, me convertí en mi propia manager y pasé por distintos lugares de residencia: Liberia, Barbados, Suiza, Países Bajos, Trinidad, Gran Bretaña...para finalmente recalar en Francia, un país al que me unía al menos, mucho sentimiento.

Fue una canción de un anuncio de Chanel número cinco emitido en Gran Bretaña el que me reubicó en el mundo y en la música de nuevo. Sonaba en este anuncio mi canción y fue todo un éxito.

Cuando esto sucedió, ya había pasado incluso por un arresto por supuesta evasión de impuestos. Fue en realidad, por protestar por una guerra que no consideraba mía: la de Vietnam.

Mi rebeldía no solo se quedó en la lucha por los derechos frente al racismo imperante. Mi rebeldía saltaba en cuanto percibía comportamientos o actitudes que no me parecían justas: aunque fuese en mi propio vecindario. Mis canciones expresaban mi compromiso con los derechos civiles y también mi lucha contra la discriminación racial. Llegaron a llamarme incendiaria, yo, que solo buscaba un trato igualitario, un trato normal.

Nunca dejé de actuar, de trabajar, de tocar. Nelson Mandela me invitó a su 80 cumpleaños. Y dos años después fue mi última gira internacional, a la vez que iban llegándome, supongo que por edad, muy diversos reconocimientos y premios de distinta índole.

También de distinta índole fue mi música, llegando a tocar palos bien diversos como jazz, rock, pop y soul. Artista inclasificable, dicen algunos, espíritu independiente y liberal, han escrito otros, y los hay que incluso han hablado con términos como la nueva sacerdotisa del jazz, una invención de los críticos blancos como bien expliqué siempre. Porque Jazz es un término de los blancos para definir la música negra. Yo he hecho música clásica negra.

 

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