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Te lo llevas fresco

Salmón ahumado, un plato de fiesta

No hay campo sin flores ni comida de celebración sin salmón ahumado

No hay campo sin flores ni comida de celebración sin salmón ahumado: solo de ti depende que el que llevas a la mesa sea fresco, jugoso y esté bien conservado. Si vas a preparar un plato con un formato que se salga de lo habitual, comprarlo al corte es la mejor opción. Así conseguirás unos dados para servir en una fastuosa ensalada con rúcula, burrata y aceitunas negras, o para un salpicón con hortalizas frescas y encurtidos picados. También podrás hacerte con un filete entero para convertirlo -con un poco de eneldo, perejil y un toque de ajo picado muy fino- en un hojaldre de inspiración viejuna, pero espíritu joven.

Para darle un extra de enjundia a la receta de tartar de salmón que llevas preparando desde 2005 -y ya no sorprende ni en la reunión de mus de tus abuelos-, puedes cambiar una quinta parte del pescado fresco por su versión ahumada. Nadie sabrá exactamente qué le has hecho, pero todos notarán la diferencia. Puedes hacer lo mismo con las hamburguesas o albóndigas de pescado, y también ponerle un poco al relleno de unos calamares en salsa.

Si vas a comprarlo envasado, mira la fecha de caducidad y escoge un tamaño que se ajuste a la cantidad que vayas a consumir de una vez. Tal vez ahorres un poco si compras un paquete que te sirva para dos ocasiones. Pero si entre una y otra pasan más de cuatro días tu segunda ración ya no estará en su mejor momento de consumo: es posible que las puntas hayan empezado a secarse, y la grasa del salmón rezume demasiado al separarse de la carne.

Tampoco es recomendable volver a refrigerarlo si nos lo hemos olvidado más de dos horas a temperatura ambiente: al ser una semiconserva -sin tratamiento por calor- hay que tener mucho cuidado con los patógenos, que empiezan a campar a sus anchas en cuanto se rompe la cadena de frío. Sácalo una media hora antes de comer para que esté a temperatura ambiente y se note todo su sabor, pero no lo abras o destapes hasta cinco minutos antes de zampártelo.

También puedes servirlo sobre unas tortitas hechas con un huevo, 75 g de harina, 25 de mantequilla fundida, 10 de azúcar, 6 g de levadura Royal y 100 ml de leche. No se parecen a los auténticos blinis rusos, similares a las crepes francesas, pero con un poco de crema agria o yogur espeso, una loncha de salmón y un poco de cebollino picado tendrás un delicioso entrante. Con los mismos ingredientes, pero cambiando las tortitas por un panecillo o bagel, tienes un bocadillo perfecto para cenar esa noche en la que Operación Triunfo no te permite separarte de la pantalla más de cinco minutos.

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