II Républica española

El fracaso de la Segunda República española fue la mayor tragedia política y social de la España contemporánea.

No tuvo por qué ser así. En 1931 tenía el suficiente apoyo, activo o pasivo, para convertirse en un régimen de éxito, que habría durado hasta nuestros días.

La República, sin embargo, se vio asediada desde su nacimiento por enemigos que recurrieron a la violencia, con el resultado de más de tres mil muertos. Los anarcosindicalistas de la CNT-FAI organizaron tres insurrecciones entre 1931 y 1933. En 1932 hubo un frustrado pronunciamiento a cargo del general José Sanjurjo. En 1934 se rebelaron, de forma simultánea, socialistas, comunistas y Esquerra Republicana de Cataluña, junto con los sindicatos UGT y CNT. Todas esas iniciativas fracasaron, pero en julio de 1936 no pudo ser derrotada la sublevación de la mayor parte del Ejército y la Armada, respaldados por los partidos de la derecha y el centro. Su éxito a medias originó una guerra civil de casi tres años, seguida por una Dictadura que se prolongó hasta 1975.

Junto a violencia política, la República se caracterizó por una sucesión de prácticas antidemocráticas, reflejo de una clase política escasamente liberal. Los derechos y libertades fueron restringidos antes incluso de que se aprobara la Constitución. Sólo hubo cinco semanas de libertad de prensa, entre enero y febrero de 1936, y la Iglesia Católica vio restringida su actuación, al tiempo que sus bienes sufrían numerosos ataques. Las últimas elecciones, entre febrero y mayo de 1936, se celebraron sin garantías democráticas suficientes.

La inmensa mayoría de los 24.810.000 hombres y mujeres que poblaban España en julio de 1936 no querían el fracaso del régimen y menos aún la guerra civil, pero la acción de unas minorías radicalizadas arrastraron al país a la catástrofe.

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