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La mirada de Soledad Gallego-Díaz

Manuel Marín llama al orden

Enfermaba casi literalmente con los violentos ataques verbales, los abucheos y la mala educación personal y parlamentaria con que algunos diputados expresaban su frustración política

Manuel Marín, que murió ayer en Madrid, presidió el Congreso de los Diputados probablemente en la peor etapa posible: la legislatura 2004-2008, que tuvo una de las oposiciones más desagradables y duras de la historia reciente del vida parlamentaria española, la que ejerció Mariano Rajoy como líder del Partido Popular contra José Luis Rodríguez Zapatero, en su primera legislatura. Marín que había desarrollado buena parte de su vida política en la Unión Europea, primero como negociador de la adhesión de España y después, como comisario, (allí impulso entre otras cosas las becas Erasmus), enfermaba casi literalmente con los violentos ataques verbales, los abucheos y la mala educación personal y parlamentaria con que algunos diputados expresaban su frustración política. A Manuel Marín no le cabía en la cabeza que la vida política se expresara en esos términos tan poco pedagógicos y no cejó en su empeño de regular los debates de manera más estricta, hasta el punto de que el Partido Popular se quejó formalmente de lo que llamaba “las monsergas del presidente”. En realidad, a Manuel Marín, lo que le preocupaba, y así lo dijo en varias entrevistas, era la debilidad de las instituciones, empezando por el Congreso y no se mordió nunca la lengua a la hora de reclamar a todos los diputados lo que él denominaba “mínimas muestras de respeto por los ciudadanos”, es decir, que no insultaran, que no estuvieran hablando todo el rato por sus móviles y que no dejaran sus escaños vacíos en mitad de los debates del Presupuesto del Estado, por ejemplo. “Perfecto” Marín le llamaban incluso entre sus filas, incómodos con un presidente tan poco complaciente. Cuando en la segunda legislatura de Zapatero, le pidieron que dejara la presidencia del Congreso, se retiró a la vida privada sin plantear problemas. No les voy a echar de menos, confesó.

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Cadena SER

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