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El ojo izquierdo

Hay que trabajar, trabajar y trabajar

Quien quiera reformas en la Constitución hará bien en luchar hasta la extenuación para buscar acuerdos válidos. Eso es hacer política. Lo demás, holgazanería

Aterrorizado por los destrozos mundiales de esa bárbara catástrofe llamada Donald Trump, este Ojo se da por vencido y reconoce, así lo mandan los tiempos, que nada hay más importante que la trascendental cuestión territorial, déjense a la puerta de cualquier debate sobre la posible reforma de la Constitución otras apuestas que no reconozcan esa preeminencia de las obsesiones por el terruño, que tanto preocupan, para sí o para no, a Puigdemont, a Urkullu, a Rajoy, a Rivera o a Susana Díaz. Pero podrían ustedes jurar que a los ciudadanos de a pie les preocupa más que el texto constitucional recoja y fije derechos sociales, qué les parece la sanidad como ejemplo obvio, que las abstrusas y vacías discusiones sobre naciones, nacionalidades o cuarto y mitad de una cosa y otra. Será difícil trabajar en serio para los cambios, cuando el presidente del Gobierno y del partido mayoritario en el Congreso se tumba en el diván, como de costumbre, y espeta a los demás que le formulen ideas. Proponga usted algo, amigo, que para eso es el que manda. Al otro extremo, el pimpollo Iglesias sigue encerrado con el juguete del desprecio a la transición y tampoco parece que vaya a arrimar el hombro. Pero quien quiera las reformas hará bien en luchar hasta la extenuación para buscar acuerdos válidos. Eso es hacer política. Lo demás, holgazanería.

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