LA OPINIÓN

Sijena, otra vez una orden judicial

Una vez más la política no hizo su trabajo y todo acaba emponzoñado por la politización infantil que casi no nos deja respirar últimamente en este país.

Desde las cuatro de esta madrugada, técnicos del gobierno aragonés están en el Museo de Lleida para supervisar el traslado de las obras al Monasterio de Sijena en Huesca. A las doce de la noche ha terminado el plazo que el juez dio para que todo esto se hiciera de forma voluntaria. Hoy, sin embargo, los técnicos acuden acompañados de una comitiva judicial de la Guardia Civil, mientras en los alrededores del Museo, los mossos han desplegado vallas y vigilancia para evitar altercados.

A las puertas del Museo un grupo de personas convocadas por la rama juvenil de la CUP protesta, mientras en Sijena se preparan para celebrar con una fiesta la recuperación de su patrimonio.

Un larguísimo conflicto patrimonial entre dos comunidades vecinas que terminó en los tribunales, que no se ha solventado por acuerdo, como dictaría el sentido común, y que al final se resuelve por la fuerza, por orden judicial, en un momento de enorme tensión política y en puertas de unas elecciones capitales. La política una vez más no hizo su trabajo, y todo acaba emponzoñado por la politización infantil que casi no nos deja respirar últimamente en este país. 

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