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La firma de Iñaki Gabilondo

Fantasías

Si la historia sirviera, estaría consagrada como verdad indiscutible que las sociedades en las que coexisten sentimientos identitarios sólo tienen porvenir o por la transversalidad, o por el pacto

Níngún niño nace sabiendo que el fuego quema, hasta que no lo comprueba ignora realidad tan básica. Como la experiencia histórica demuestra, la experiencia histórica sirve de muy poco. Si sirviera, estaría consagrada como verdad indiscutible hace mucho que las sociedades en las que coexisten sentimientos identitarios y de pertenencia distintos- si son además de un volumen parecido- sólo tienen porvenir o por la transversalidad, o por el pacto, aunque han de luchar por la hegemonía, naturalmente. No obstante, el instinto, la ceguera, o lo que sea, insisten en soñar fórmulas de imposición o denegación del otro que, o no suele salir, o no suelen durar. Franco quiso acabar con el nacionalismo por la fuerza y el adoctrinamiento extremos y después de 40 años el nacionalismo seguía ahí. ETA quiso acabar con el sentimiento españolista en Euskadi a tiros y después de 50 años seguía ahí; por poner dos ejemplos en los límites. Sin llegar estos extremos en Cataluña se acarician también ficciones de la misma naturaleza, ambas igual de irrealizables. Una de ellas, más irrealizable todavía porque quiere realizarse saltándose las leyes.

En Cataluña hemos comprobado el destrozo que ocasionan las políticas hechas a espaldas y contra la mitad de la población, y creo que si el unionismo tuviera mayoría absoluta pues no tardarán en aparecer los partidarios de las soluciones apisonadora, esas que nada solucionan. Comprendo que a diez días de las elecciones, los contendientes aspiran a la victoria, y a poder ser por aplastamiento, eso es lo natural; pero a partir del undécimo día empieza el futuro, y ese ya es otro asunto. Ayer, Carles Puigdemont dijo que la tercera vía es una fantasía y se equivoca. Las que son las fantasías son la primera y la segunda, la tercera vía es simplemente dificilísima y además exige mucho trabajo político, pero eso es justamente lo que espera.

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