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El ojo izquierdo

¿Alguien apuesta por atraer y no echar?

Solo queda la esperanza de que alguna fuerza política entienda que debe situarse y abrirse hueco en ese estrechísimo resquicio por el que pueda colarse la diversidad, la mezcla, el mestizaje, ahora inexistente

Echábamos unas rudimentarias cuentas estos días, con el fin de que allá y acá, en Cataluña y fuera de Cataluña nos metamos todos en el magín, incluso con sesiones de hipnosis, que la realidad a la que nos enfrentamos, una sociedad partida con hacha en dos mitades muy similares, no va a desaparecer por mucho artículo 155, mucha cárcel, mucha ridícula huida a Bruselas y mucha campaña que pongamos en marcha. Debemos ser conscientes, además, de que tampoco el recuento de votos del día 21 nos va a sacar del embrollo. Lo peor no es que haya un hemiciclo dividido en dos mitades, lo terrible es que se trata de ciudadanos con nombres y apellidos: dos millones a un lado y dos millones al otro, en cálculo grosero, enfrentados a cara de perro. Visto lo cual, solo queda la esperanza, remota y quizá producto de un ingenuo optimismo, de que alguna fuerza política entienda que debe situarse y abrirse hueco, aunque sea a codazos, en ese estrechísimo resquicio por el que pueda colarse la diversidad, la mezcla, el mestizaje, ahora inexistente. Desterrar, en definitiva, la pureza de sangre. Entender al otro y querer caminar juntos. No echar, sino atraer. Feroces Ciudadanos y PP, feroces Esquerra, Junts y CUP, los únicos gestos en este sentido se los debemos a Iceta, que los Comunes habitan otro mundo. ¿Alguien ayuda?

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