#VIDASENTERRADAS

La búsqueda de mi abuelo

Belén García relata los pasos que ha dado hasta la apertura de dos fosas comunes en Pomer

Exhumación en el cementerio de Pomer, provincia de Zaragoza, noviembre de 2017. /

Me llamo Belén García y en 2015 comencé la búsqueda de mi abuelo, Saturio Lezcano Martínez. Cuando fui testigo de la entrega a sus familias de los restos de dos fusilados en el pueblo de Velilla de Jiloca, me decidí a contactar con Miguel Ángel Capapé, presidente de ARICO, para que me orientara sobre los pasos que debía seguir. Firmé los documentos pertinentes y comenzó la búsqueda.

En nuestra familia siempre se comentó que “el abuelo” podría haber sido enterrado en el cementerio de Pomer, después de ser asesinado. Vivo en Calatayud pero ahora visito con frecuencia el pueblo de mi familia. Tengo que buscar información y los primeros que me la dan son mis tíos Casimirio y Silvina. Les cuento lo que quiero hacer y el dolor se refleja en sus rostros.

Poco después encuentro un libro que da muchos detalles sobre la represión en Pomer. Su título, “Suelas de Caucho”. Allí se nombra a mi abuelo Saturio y también a Benita. En ese momento todavía desconozco que aquella mujer era sobrina de uno de mis abuelos y novia del alcalde del pueblo en 1936. Fue humillada en la plaza de Pomer y posteriormente violada.

En poco tiempo, tengo una lista con los nombres de las personas que fueron fusiladas en Pomer y obtengo las coordenadas de la fosa. Envío cartas a mucha gente, también a algunos cargos políticos, a los que pido ayuda. Solo recibo buenas palabras pero ningún compromiso, excepto uno. Alguien me dice que mi carta no caerá en el olvido. Sin darme cuenta, he empezado un proyecto del que no sé si obtendré resultados, pero que poco a poco me empuja a seguir buscando. Tengo que llegar al final.

Contacto con varios familiares de las personas asesinadas. Algunas se muestran reticentes, otras me dicen rápidamente que puedo contar con ellos. Eso me anima y, en noviembre de 2017, comienza la excavación de la fosa en la que podría estar mi abuelo. En poco tiempo hay buenas noticias. Miguel Ángel me cuenta por teléfono que ya han encontrado cuerpos. “Te he encontrado”, es lo primero que pienso. Siento una inmensa alegría. Decido ir a verlo con mis propios ojos. Necesito estar junto a las personas que están haciendo realidad este hallazgo.

El primer día que estuve ante la fosa, me sentí muy cerca de mi abuelo. Los miraba y cada cuerpo que aparecía me estaba pidiendo que le devolviera la dignidad que un día le fue arrebatada. Pero no todo fueron buenas noticias. Miguel Ángel me cuenta que, debido a un problema de plazos, hay que renunciar a una parte de la subvención y que los cuerpos que ya se han encontrado, no podrán ser exhumados. Veo la cara de decepción de la gente que está levantando tierra. Para los antropólogos, arqueólogos y voluntarios, para las asociaciones que nos ayudan a los familiares en esta búsqueda, recibir una noticia como ésta también es doloroso. Todo el mundo mira sus móviles, escribe, llama por teléfono… En poco tiempo, decidimos que no nos rendimos y que haremos una llamada a la solidaridad. Esa llamada sí tiene respuesta. Mucha gente anónima y algunos dirigentes políticos de Zaragoza en Común aportan el dinero que necesitamos para rescatar los cuerpos encontrados. De nuevo, brota la alegría. Aunque no va a durar mucho.

El trabajo de investigación que acompaña a esta exhumación indica que lo más probable es que, entre los cuerpos encontrados en esta fosa, no esté el de mi abuelo. Me entristezco, pero sigo trabajando. Con el resto de la familia, elaboramos un árbol genealógico estremecedor. Al menos 11 personas de las dos familias a las que pertenezco fueron asesinadas entre agosto y septiembre de 1936.

Pido información al Archivo Histórico Provincial de Zaragoza, al Archivo del Centro Documental de la Memoria Histórica, a UGT Vizcaya, a la Fundación Largo Caballero, a la Fundación Pablo Iglesias, al Archivo Tribunal Militar… y un largo etcétera. Necesito saber más. Una única respuesta se repite demasiadas veces: “los ficheros fueron eliminados, y los que no, fueron expropiados al comienzo de la sublevación”. Sí llegan documentos del Archivo Histórico Provincial de Zaragoza. Un consejo de guerra, incautaciones… al leerlo, llegamos a una conclusión. En 1936 se puso en marcha una enorme maquinaria institucional para provocar la muerte física y civil de mucha gente, también de mi abuelo, también de los 21 vecinos de Pomer asesinados.

Mientras intentamos reconstruir la historia de nuestros abuelos, tíos y bisabuelos, esperamos los informes del laboratorio. Por ahora desconocemos si entre los 10 cuerpos encontrados en las fosas del cementerio están SATURIO, DIONISIO, MARIANO, IRENE, FRANCISCO LEZCANO, FRANCISCO HORNO, VALERIANO, RESTITUTO, VICTOR, PILAR, CANUTO… Si no son ellos, les seguiremos buscando. Las familias de las 10 personas que han sido asesinadas podrán descansar un poquito, los demás seguiremos luchando.

Le doy las gracias a todas las personas que están haciendo realidad este trabajo. Cuando comienzas, solo tienes papeles. Cuando se abren las fosas, compruebas que todo es verdad. Siento mucho el dolor que le he ocasionado a mi familia al hacerles recordar un pasado atroz que, mi madre y mis tíos, sufrieron siendo niños. Conservo la esperanza de que ese dolor se cerrará muy pronto, no por guardar silencio, sino por dar un entierro digno a todos aquellos de los que no quedan fotografías, solo recuerdos y lágrimas.

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