Palmeras salvajes

Franquicias del Valle de los Caídos

Ese franquismo que públicamente hace años era un elemento exótico que provocaba condescendencia empieza a salir del armario entre otras cosas porque se traga todo lo que le venga bien para su fe

Tiene que estar siendo muy doloroso para muchas familias escuchar esta mañana el contenido de un informe que el abad del Valle de los Caídos escribió en 2005. Un informe donde sostiene -por ejemplo- que para levantar el monumento franquista no se forzó a ningún preso, que todos eran voluntarios, que les daban muy bien de comer y que encima cobraban más que los obreros de la época.

Es un informe de 2005 que anticipa lo que está ocurriendo ahora en sectores más extremos ideológicamente: ya no se trata de que haya que tolerar o fingir indiferencia ante los símbolos y efectos del franquismo, hay que reivindicarlo, un paso más. Ese franquismo que públicamente hace años era un elemento exótico que provocaba condescendencia empieza a salir del armario entre otras cosas porque se traga todo lo que le venga bien para su fe, sin fijarse si es verdad o no: si no interesó la verdad en 40 años como para que empiece a interesar ahora.

Estuve hace unos años y sobre la tumba de Franco, que ocupa el lugar central de la iglesia, no había flores frescas sino el cartelito este de "suelo resbaladizo". La historia siempre hay que fregarla, y en el caso de Franco hay que fregarla bastante más. Y eso es lo que hace ese informe del abad. Por eso sé que al abad del Valle nos está llamando tontos cuando dice que ese monumento los símbolos franquistas son casi irrelevantes o que cree ver una bandera republicana: creer ver, sobre todo en boca de un sacerdote, es una expresión tremenda.

La mejor parte es la de las condiciones laborales. Recordemos que cuando hizo el informe, año 2005, se discutía el uso que había que darle al Valle de los Caídos; se discutía incluso su destrucción. El abad, sin embargo, enumera unas condiciones laborales tan ventajosas, una alimentación tan estupenda de los trabajadores y un ánimo tan positivo de esa gente que pensábamos que eran esclavos, que sólo le falta proponer que se abran franquicias en toda España. Si allí funcionaba todo tan bien, imagínate que cada ciudad tuviera su Valle de los Caídos. 

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