La firma

Iceta en el lazareto

Iceta sabe que puede ser atropellado por el tumulto pero sabe también que los resultados del día 21 pueden obligar a todos a bajarse del guindo, cada uno del suyo, y que lo que él dice hoy tal vez lo estén diciendo todos la misma noche del jueves

El discurso de Iceta le convierte en un candidato singular, algo extraño e incómodo incluso para muchos de sus afines, que le quisieran aislado en una especie de lazareto para que se purifique y no contamine. No me refiero a sus palabras sobre el indulto a los independentistas encarcelados. Ahí, tanto él como los que le contradijeron se pasaron varios pueblos, porque sólo se puede indultar a quien ha sido condenado, y aún no ha habido ni juicio. Hablo de sus propuestas de concordia, de la reconstrucción de puentes para evitar que se fijen las líneas de frente, de su elogio de la transversalidad y, sobre todo, de su afirmación de que hay que derrotar a los independentistas, sí, pero que los constitucionalistas no podrían ellos solos restañar las heridas. Pensamiento, este último, que plantea un interrogante fundamental: ¿se sumaría o no se sumaría el PSC a Ciudadanos y al PP si salieran las cuentas? Visto desde Cataluña, ¿se atrevería a hacerlo? Visto desde el resto de España, ¿se atrevería a no hacerlo? Basta formular la pregunta para oír el chirrido de las estructuras socialistas, las de allí y las de toda España.

Iceta sabe que puede ser atropellado por el tumulto pero sabe también que los resultados del día 21 pueden obligar a todos a bajarse del guindo, cada uno del suyo, y que lo que él dice hoy tal vez lo estén diciendo todos la misma noche del jueves. Porque en última instancia se trata de decidir si Cataluña opta por un futuro de confrontación o de convergencia. Es decir, si elige lo fácil -consolidar el escenario actual de guerra de bloques- o se atreve con lo difícil -intentar trazar una hoja de ruta compartida porque la primera agenda negociadora la tienen que hacer los catalanes consigo mismos-. Los sacrilegios de hoy de Iceta pueden ser las verdades de todos el jueves.

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