¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Palmeras salvajes

Todo son problemas

Siempre que hay un avance mínimo, un avance ridículo, en la clase obrera, aparece un señor que cobra muchos miles de euros para decir que esa subida de 30 euros que va a cobrar un trabajador amenaza el sistema

En primer lugar déjame decirte que para mí es un sueño estar en Barcelona, capital de Cataluña, el día antes de unas elecciones autonómicas, hablando del salario mínimo. Es como si de repente hubiésemos despertado de un largo sueño y volviesen a importar las cosas que importaban antes.

El aumento del salario mínimo me parece una noticia moderadamente buena. Moderadamente teniendo en cuenta el terreno que hay que recuperar para ponerse a la altura de otros países, moderadamente contando que ni en tres años se llega a cumplir el 60% del salario medio, que es lo que recomienda la Unión Europea. Y sin euforia pensando también en ese colectivo que ha pagado la multa, las costas y ahora está pagando la fianza de la crisis, y que tardará en recuperar lo que perdió cuatro veces más, como suele ser norma.

Hay algo más: para ganar el salario mínimo un trabajador tiene que ser reconocido como tal, es decir: estar fuera de la economía sumergida y en muchos de la explotación laboral, así que es prioritario defender sus derechos, primero, visibilizándolo. Y he visto también críticas a que se aumente el salario mínimo con una justificación recurrente: aumenta la temporalidad y la destrucción de empleo. Lo ha dicho el Instituto de Estudios Económicos. Siempre que hay un avance mínimo, un avance ridículo, en la clase obrera, aparece un señor que cobra muchos miles de euros para decir que esa subida de 30 euros que va a cobrar un trabajador amenaza el sistema. El sistema según el cual hay un tipo de empresario para el cual desde que se abolió la esclavitud todo son problemas.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?