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Palmeras salvajes

Fake news

Cataluña ha sido un extraordinario laboratorio para conocer el efecto destructivo de la posverdad en la opinión pública y en mentes que se tenían por mentes estables

El problema de que el PP anuncie medidas contra las noticias falsas es que no sabemos si eso es una noticia falsa. Es el tradicional conflicto que siempre aparece cuando tienes a un portavoz parlamentario como Rafael Hernando: que cuando habla, el cerebro se pone en guardia. Por eso verlo de repente promoviendo un Ministerio de la Verdad, una oficina que ayude a señalar las mentiras, recuerda automáticamente a aquella oficina anticorrupción que organizó el PP en Génova y de la que su responsable dimitió a los diez días, imagino que desbordado.

Si reconstruyésemos la historia basándonos en las informaciones que ha dado el PP en los últimos años, si cogemos las declaraciones de sus líderes, si leemos los titulares de los medios públicos, si escuchamos punto por punto los logros que dicen haber tenido, nos sale un país. Si todo lo que nos dijo el PP fuese verdad no habría falta una. Se intenta con esas medidas anunciadas en el Congreso evitar “injerencias” del extranjero, difusión de bulos. Se citan procesos como las elecciones en Estados Unidos, el Brexit o Cataluña.

Cataluña ha sido un extraordinario laboratorio para conocer el efecto destructivo de la posverdad en la opinión pública y en mentes que se tenían por mentes estables. Pero es temerario atribuirlo sólo al independentismo: cualquiera que frecuente las redes sabe que ha habido montajes, bulos y manipulaciones en las dos partes, y que una vez descubiertas no se mueve un dedo para retirarlas. Más que una oficina que ayude a distinguir la verdad de la mentira, se necesita un taller que ayude a distinguir la vergüenza.

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