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La opinión de Carles Francino

Un país de pollos

El primer pollo que debería resolverse es el que tienen –el que tenemos- los propios catalanes entre nosotros

Que los premios de la lotería –y alguno especialmente importante- hayan vuelto a caer en Catalunya después de tres años de sequía...igual puede interpretarse como una señal de los dioses. Pero yo hace tiempo ya que deje de creer…en las señales y en los dioses.

Nosotros solitos –los humanos -nos bastamos para montar líos como el que sigue planteado tras las elecciones de ayer; eso que Puigdemont define, en una conversación que le han grabado en La Sexta, como que “España –con la mayoría independentista revalidada ayer- tiene un pollo de cojones”. Y es verdad, tiene razón, pero la misma frase puede aplicarse a Catalunya porque, de hecho, el primer pollo que debería resolverse es el que tienen –el que tenemos- los propios catalanes entre nosotros.

Como además la maquinaria judicial sigue su curso, hoy ya tenemos más imputados por un posible delito de rebelión, hay diputados electos que siguen huidos de España –empezando por el propio Puigdemont- o en la cárcel... Y como esto no va a parar y como la digestión política va a ser lenta y pesada...yo creo que lo mejor es que nos pongamos tranquilos, que pasemos la navidad de la mejor manera posible y que confiemos en que, visto lo visto, alguien aprenda de los errores. Ese sí sería el premio gordo porque hasta ahora –entre unos y otros, unos más que otros- llevan años sin regalarnos ni la pedrea.

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