La firma de Iñaki Gabilondo

El principio de realidad

Los resultados del día 21 sólo sirvieron para que cada uno reafirmara sus opiniones previas

Es la frase más repetida después de las elecciones del día 21: a partir de ahora deben imponerse el principio de realidad. Lástima que, como dijo Ortega, hay tantas realidades como puntos de vista; eso es lo que está pasando en el independentismo. Los mismos datos reafirman a unos en el unilateralismo y disuaden a otros. En el unionismo, o constitucionalismo, la FAES de Aznar lidera la corriente muy numerosa que cree la necesidad de endurecer las políticas. Ciudadanos ha ganado -piensan- porque practicó la intransigencia sin matices, y -añaden- la condescendencia del gobierno lo ha hundido, las posiciones intermedias fueron castigadas. Otros piensan lo contrario, que la persistencia del fenómeno independentista obliga a negociar. Es la posición más extendida fuera de nuestras fronteras, ayer la veíamos reflejada el Le Monde y en Les Echos que iba aún más lejos: si Rajoy no desatasca la situación, Europa tendrá que intervenir, señalaba en un titular.

Rajoy que, junto a Soraya Sáenz de Santamaría, hubiera tenido que dimitir en cualquier país de nuestro entorno en la misma noche del día 21, se sitúa en medio de estas dos posiciones y entiende que no ha de moverse ni un milímetro. Como vemos, los resultados del día 21 sólo sirvieron para que cada uno reafirmara sus opiniones previas. Yo no puedo reprocharlo porque a mí me pasa igual, pienso lo mismo que pensaba antes. Dos cosas sobre todo: que la independencia de Cataluña no es posible hoy por hoy, que el soberanismo no tiene suficiente fuerza para hacerla efectiva, que empecinarse en ello de forma unilateral es una locura; y que el independentismo es una vivencia político-social de gran envergadura, y qué empecinarse en ignorarlo es otra locura. Tarde o temprano habrá que modificar el actual statu quo, y no solo para Cataluña, lo que obligará a revisar la arquitectura autonómica general. Decir esto es hoy un sacrilegio, pero ocurrirá

De todas maneras hay algo previo, Cataluña es una sociedad partida en dos. Ningún catalán, piense lo que piense, puede tener una prioridad mayor que restañar las heridas y restablecer la convivencia. Y una coda final: lo que ocurra en los próximos meses va a depender en gran medida de las decisiones judiciales, que van por su propio camino y con su propio calendario

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