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LA OPINIÓN

¿Un PP reformista?

A los gobiernos del PP no le han dolido prendas, ni ha arrastrado los pies, para cambios de calado en la vida de las personas, cuando esos cambios respondían a sus intereses

En plena semana de Navidad, sin saber muy bien todavía cómo y cuándo se podrá constituir un gobierno en Cataluña, y con las otras muchas urgencias de España pidiendo paso, hoy hemos hablado con los portavoces de los cuatro principales partidos en el Congreso. Del discurso de Nochebuena del Rey, la mayoría de los partidos han destacado que Felipe VI llamó de forma indirecta a realizar las reformas que eviten una España paralizada o conformista.

Esa necesidad, la de hacer reformas, es una evidencia que certifica la realidad, y explican expertos constitucionalistas,ante la que el gobierno del PP arrastra eternamente los pies. Se suele decir que la derecha se opone por principio a los cambios de calado en España, y que después se suma o asume con naturalidad esas reformas que han partido de la iniciativa de otros. Así fue con la Constitución del 78, con la Ley del Aborto del 85, o con la Ley de matrimonio Igualitario, entre otras.

Pero en realidad, a los gobiernos del PP no le han dolido prendas, ni ha arrastrado los pies, para cambios de calado en la vida de las personas, cuando esos cambios respondían a sus intereses o dependía solo de ellos o de sus próximos ideológicos como CiU o el PNV. Lo ha hecho este gobierno con la Reforma Laboral, la Ley Mordaza, o la reforma del Tribunal Constitucional. Y lo hizo antes Aznar cuando decidió de forma unilateral nada menos que cambiar el eje de nuestra política exterior sacando a España del consenso europeo en la guerra de Irak.

Lo que le cuesta al PP son los cambios en los que hay que involucrar necesariamente a la realidad plural que es España, cambios que puedan alumbrar reformas ajenas a su ideario y a sus intereses. Esa parálisis interesada ha llevado a muchas instituciones españolas y a la propia Constitución al punto casi de que revienten sus costuras.

No sabemos si esas palabras concretas del Rey en Nochebuena son iniciativa de la Casa Real - supervisada por supuesto por el Gobierno - o son el comienzo de una senda que marca directamente el ejecutivo. Lo que hemos de presumir es que si el Jefe del Estado lo insinúa en el discurso de Nochebuena, ese camino se va a emprender. Veremos. Si aunque sea a regañadientes y tras haberse convertido en un partido irrelevante en Cataluña, el PP y el Gobierno toman por primera vez la iniciativa, o se suma de verdad a las reformas que exigen otros partidos; o siguen escondidos detrás de la ley, los jueces, sus intereses electorales, y ahora, el miedo a Ciudadanos y las regañinas de Aznar.

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