La firma de Pedro Blanco

Un problema con la justicia y nuestros escrúpulos

El subdirector de Hora 25 reflexiona sobre el caso de Diana Quer y el periodismo, el maltratador reincidente que ha incumplido el régimen de visitas en Sevilla y la ley de custodia

Apuntes para un dos de enero. Primer apunte: qué buena es la transparencia, qué necesaria para achicar los espacios de la suposición, la hipótesis, el rumor y la mentira. La Guardia Civil ha hecho hoy en público algo a lo que se suele resistir, responder a las preguntas de los periodistas, dedicar tiempo y paciencia a ser transparente en uno de los casos de mayor impacto en la opinión pública, el de Diana Quer. Y de la información nacen preguntas: si los investigadores tenían la certeza de que el hombre conocido como el chicle era el autor de la desaparición de la joven, por qué se cerró la investigación judicial, qué se hizo mal o qué es lo que no se hizo del todo buen para que estuviera a punto de cometer otro secuestro.

Pero el caso de Diana Quer también interpela a este oficio. Que el periodismo es imperfecto lo sabemos periodistas y ciudadanos, que no somos infalibles, es una obviedad histórica en esta profesión, y sin embargo, no debemos admitir la generalización. No, no todos nos hemos rebozado en ese fango. Quienes lo hicieron, quienes obviaron las reglas básicas del oficio, se entregaron al share y al clic, a la audiencia y a las visitas. Y no, no deberíamos esperar ni un instante de reflexión por su parte.

Segundo apunte, ¿cómo es posible que un maltratador reincidente, un hombre violento condenado a prisión, alguien que ha agredido a su pareja delante de sus hijos, como es posible que mantenga un régimen regular de visitas y conserve la patria potestad?

No, alguien así no puede ser un buen padre, cual es el ejemplo que da a sus hijos, qué le puede enseñar a su hija, qué le dirá, que a la mujer se la somete a golpes, que la violencia está justificada en ciertos casos, que lo hacía por amor, que era por su bien. Si la ley permite a un maltratador condenado, a un hombre demostradamente violento mantener la patria potestad y un régimen de visitas regular, tenemos un problema con la ley. Si la ley permite aplicar medidas restrictivas con este tipo de delincuentes y no se hace, tenemos un problema con la justicia, si no nos planteamos todas estas preguntas, tenemos un problema con nuestros escrúpulos.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?