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La firma de Pedro Blanco

Las cabalgatas y la doble moral

El subdirector de Hora 25 reflexiona sobre la doble moral en la corrupción, los datos del paro y la cabalgata de reyes de Vallecas

Primer apunte: Que no quede tapado entre capas de datos y declaraciones, el Consejo de Europa nos ha sacado hoy los colores por algo que empieza a ser muy español, como el gazpacho. La resistencia de la política a ser todo lo contundente que podría ser, que debería ser en la lucha contra la corrupción, por vaguería o por incapacidad, lo cierto es que el Gobierno y el Congreso van postergando un buen puñado de medidas que no nos inmunizarían, es verdad, pero nos protegerían algo mejor. Y no, no conviene relamerse en lo que se ha avanzado porque sigue habiendo rendijas por las que se podrá colar el próximo corrupto. Y no tengan ninguna duda de que se colará, no es un prejuicio sobre la política, es una certeza.

Segundo apunte: es probable que en unos años haya 20 millones de españoles trabajando, poco a poco habremos recuperado el derecho que nos habían hurtado, el derecho a tener un trabajo. El siguiente paso deberá ser perfeccionarlo, transformarlo en un derecho a un trabajo digno. Como un 90 % de temporalidad en los nuevos empleos, corremos el riesgo de tener trabajo pero no un proyecto de vida viable.

Tercer apunte: Este país está desquiciado. La discusión sobre la supuesta presencia de drag queens en la cabalgata de reyes de un distrito de Madrid ha terminado por adquirir un tono delirante. Pero ya que se empeñan en hacer ruido, aprovechemos la bronca para animar a la reflexión: debe ser la cabalgata una celebración confesional, debe el poder público organizar ese acto atendiendo a los prejuicios morales de algunos, las tradiciones deben ser inmutables, hay que aprovechar cada oportunidad para hacer pedagogía o se pueden reservar espacios para la imaginación más desbordante, les molesta la exhibición de la normalidad y no les incomoda la mercantilización de las cabalgatas.

Las navidades, decía Cristina Cifuentes, son como tienen que ser. Y en ese mundo moral en el que las cosas son como tienen que ser, una drag queen no puede mostrarse en una carroza de una cabalgata de reyes, pero un ladrón, un maltratador, un cínico, un corrupto, un violento, un pecador, un divorciado, un mentiroso, puede vestirse de rey.

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