Palmeras salvajes

El botón más grande

La gente a la que le gusta todo grande no puede medir sus afectos, ni sus odios: todos los días son el último de sus vidas, y no te digo nada si tienen el botón nuclear cerca

Todo en Trump es grande: su ropa es grande para disimular su peso, su botón nuclear es grande, su América es grande pero pretende a hacerla más grande aún. Es el clásico gobernante desproporcionado en el sentido más cinematográfico de la palabra, no de una presidencia de un gobierno, sino de una superproducción de catástrofes.

En realidad, tener el botón tan grande no es algo de lo que presumir. Es una manera de decir que estás mayor o que no ves bien, como la gente que tiene letras enormes en el móvil. Yo una vez recuerdo ver un partido de fútbol a una cierta distancia considerable de Luis Maria Ansón y todo el estadio Santiago Bernabéu pudo leer lo que escribía.

Una política como la de Trump se desactiva desde dentro. Es decir, lo que está haciendo Steve Bannon ahora, su antiguo defensor, pero sin salir de La Casa Blanca. La gente a la que le gusta todo grande no puede medir sus afectos, ni sus odios: todos los días son el último de sus vidas, y no te digo nada si tienen el botón nuclear cerca. Trump en una partida de cartas si le subes la apuesta todo el rato, es de los que pone su cabeza en la mesa y se la juega. El problema pasa entonces a ser sólo de quien gane esa mano y se quede con su cabeza.

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Cadena SER

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