La llamada de la Historia

France Gall

Una cantante muy conocida en su país, también en el resto de Europa en los años 60, que llegó a muchos a través de Hablar por Hablar sin que ellos lo supieran

Me llamaba Isabelle. Pero me cambiaron el nombre porque la otra cantante de moda del momento se llamaba Isabelle también. Bueno, se llamaba Teresa. Aquí todos nos cambiamos el nombre. Parece ser.

La música formaba parte de mí incluso antes de mi nacimiento. Mi padre era cantante y autor de canciones que seguro que usted que ahora escucha la radio, también ha escuchado. Edith Piaf o Charles Aznavour eran algunos de los que cantaban sus canciones. Mi abuelo fue el inspirador de Los chicos del coro. Primero el piano, luego la guitarra...y con dieciséis años me vi haciendo una prueba en los Campos Elíseos. Así que de ahí, a mi voz por todas partes. En la lista de mejores ventas estuvo mi primera canción.

Entonces, apareció él en mi vida. Él es Serge Gainsbourg, el de la vida de todos en aquel momento, el que tenía que componerte algo para triunfar. Me compuso dos temas que fueron número uno en 1964. Luego, vendimos dos millones de discos. Y solo un año después, Francia no nos quiso para Eurovisión, pero ganamos el concurso yendo por Luxemburgo. Fue un éxito brutal: radios, televisiones, canciones, conciertos...

Hasta que dos años después se produjo el escándalo. Sigue sin gustarme recordarlo, pero lo haré para que se sitúen. Borraría ese periodo. He conservado de él un recuerdo de malestar. No había escogido cantar ni exponerme. Las canciones no me pegaban, aunque adore las de Gainsbourg. Para los demás era un personaje turbio, con la identidad enmarañada. Esto lo dije en 2004, recordando cuando Gainsbourg me compuso el tema Les sucettes, haciendo un juego de palabras del que no me di cuenta en su momento, con una niña que chupaba una piruleta.

Cierto es que después de todo esto llegó un periodo de decaimiento, por mi parte y por la del público. Es complicado pasar de ser una adolescente ye-ye de los años sesenta a una mujer adulta con mucha mezcla musical. Fue un fracaso comercial, un cambio de casa de discos, y una relación personal complicada.

Una referencia, no siempre confesada, para muchas generaciones de cantantes francesas. Una representante del chic francés en cuanto a estética, otro mito de la época de la que cada vez quedan menos protagonistas, sirva este como homenaje a la recientemente fallecida FRANCE GALL. Cantante, entre otras canciones, de Cet Air Là, canción mítica de Hablar por Hablar que siempre será recordada como la francesita.

Entonces, conocí a un compositor al que le propuse que me escribiera algo. Me lo escribió, triunfamos, nos casamos y tuvimos dos hijos. Así empezaron los años 80, grabando menos y dedicándome más a la familia. Pasados unos años, ya en el 92, con un álbum que grabamos Berger y yo juntos nos lanzamos a una gira que no pudimos acabar por la muerte de él. Un drama al que siguieron otros, un diagnóstico de cáncer para mí y la muerte de mi hija, el drama real por el que dejé todo: dejé de aparecer, de cantar. Me dediqué sobre todo a acciones humanitarias y a descubrir África, un continente que me fascinó y en el que me compré una casa.


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