La firma de Iñaki Gabilondo

Tiempo basura

Solo cuando seamos capaces de pasar esta pegajosa página de nuestra historia podremos empezar a proyectar, a planear, a poner las luces largas y a pensar en serio en este país y en su futuro

No vamos a hacer ya nada de provecho en este tiempo político porque es tiempo basura. Solo cuando seamos capaces de pasar esta pegajosa página de nuestra historia podremos empezar a proyectar, a planear, a poner las luces largas y a pensar en serio en este país y en su futuro, antes no. Llevamos demasiado tiempo encerados en tactismos y regates en corto, y se nos ha puesto alma liliputiense, coyunturalista, trimestral. No sé si se debe al serial de elecciones sucesivas, en las que los partidos han hipertrofiado su instinto de lo inmediato, o que con Rajoy llegó el gobierno de los contables, que es una actividad muy útil cuando no pretende sustituir a todas las demás.

Ayer ‘El País’ en su editorial aludía a ese futuro sacrificado por los severos recortes de la inversión y repasaba todas las modernizaciones pendientes, tecnológicas y sociales, que hemos arrinconado y que a mi juicio responden no solamente a las exigencias de la crisis, sino a un entendimiento más bien menesteroso del papel de la política.

El hecho es que no tenemos sobre la mesa ningún asunto de fondo, ni lo va a haber en el actual tiempo político ni con los actuales protagonistas. Un buen ejemplo es Cataluña, donde hoy nos ocupan la dificultad técnica de constituir el Parlament, con detenidos huidos o sin ellos, la investidura, telemática o no, y otras apasionantes cuestiones de procedimiento, pero no hay ni un movimiento, ni un gesto, ni una palabra que insinúe si quiera la exploración de una vía de solución o de concordia. Si recordamos que en el horizonte asoman juicios penales y posibles inhabilitaciones, comprenderemos que nada va a empezar en serio hasta dentro de mucho tiempo, y entonces los nombres propios serán otros.

Y mientras tanto, atención al sondeo de Sociométrica para ‘El Español’, cuyo titular es este: como consecuencia de la crisis catalana, la sociedad española se ha derechizado claramente.

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