Palmeras salvajes

Estampas de otro tiempo

Se persigue y se denuncia y ahora se condena discriminando, se define el odio a capricho

Cuando supimos que la Audiencia Nacional se ocuparía de unos tuits de Casandra Vera pensamos que estábamos en otro tiempo, el tiempo en el que los tribunales de justicia se ocupaban del mal gusto. El escrito de la Fiscalía y la forma que tiene de dirigirse a Casandra nos sitúa ya exactamente en 1945. Toda esa distancia que pone con ella al tratar su nombre como un pseudónimo y utilizar su sexualidad como una prueba de cargo es la misma distancia que tiene un ciudadano común con un tribunal clave para juzgar delitos de terrorismo pero cada vez más pendiente de delitos de opinión. La justicia no puede decirle a una víctima cuando tiene que sentirse ofendida o no, y la familia de Carrero ya dijo que no lo estaba y lo escribió en El País y pidió que este proceso no siguiese adelante.

Los mensajes estúpidos no se condenan judicialmente, las miserias particulares de cada uno sin ningún efecto en la sociedad no pueden inhabilitar profesionalmente a una persona siete años. Lo dijimos y lo escribimos hace un año, y lo repetimos. Esto no se entiende sin un contexto institucional de una gravedad incontrolada: se persigue y se denuncia y ahora se condena discriminando, se define el odio a capricho, no se elige el objetivo de forma aleatoria y se pretende aplastar disidencias yéndolas a buscar a extremos irresponsables como el humor para limpiar un área de opinión pública ligándola a una supuesta desestabilización del Estado.

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Cadena SER

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