El dietario de Ramoneda

Rato contra el mundo

Josep Ramoneda reflexiona sobre el bloqueo en la investidura catalana, la declaración de Rodrigo Rato y el debate sobre las pensiones

No hay que dejarse llevar por el ruido de Puigdemont y su entorno. Amplios sectores del independentismo han asumido la lección de estos meses: no hay condiciones para insistir en la vía unilateral, hay que formar un gobierno para recuperar las instituciones, dar vida a una legislatura entera y consolidar la mayoría parlamentaria adquirida.

“Fuimos ingenuos al no valorar la respuesta del Estado”, me decía un destacado militante independentista. Quedan todavía unos días para los rumores y soluciones imaginativas: la última, que Puigdemont sea elegido y renuncie inmediatamente después. Pero el calendario aprieta y Puigdemont tendrá que aceptar la cruda realidad. Habrá gobierno independentista y actuará dentro del marco legal. Lo que no quita que con el calendario judicial en curso se darán momentos de alta tensión.

No quedará más remedio que asumir la cronificación del problema catalán, dicen algunos. Pero la pregunta es: ¿En qué momento ambas partes entenderán que ya no tienen incentivos para mantener la confrontación y que hay que sentarse hablar? ¿Habrá que esperar a que la mayoría de los actores del conflicto pasen a la reserva para hacer divisible un problema aparentemente indivisible y entrar en la lógica de la transacción?

Resulta escalofriante la arrogancia de Rodrigo Rato en su comparecencia en el Congreso. El imputado Rato contra el mundo, víctima de una conspiración de su propio entorno político. Un estilo que tiene el valor de recordatorio de estos años nihilistas en que se impuso la idea de que no había límites y en la derecha muchos creyeron que todo les estaba permitido.

El debate sobre las pensiones no admite ya dilaciones. Y el PP y el PSOE deberían ser los primeros interesados en la medida en que sus electores están en las franjas altas de la pirámide de edad. Pero requieren afrontar con claridad una cuestión de partida: ¿Se pueden crear las condiciones para recuperar un pacto social cómo el que tejió Europa después de la guerra? ¿O hay que dar por hecho que el dinero no está por la labor y que, como dice la derecha, no hay alternativa? Es decir, más precariedad laboral e inminente caída de las pensiones. Sí fuera así, adiós, democracia, adiós.

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