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El ojo izquierdo

Soberbio, arrogante y fatuo

Jamás esperen que personas como José María Aznar o Rodrigo Rato cambien, que si han sido capaces de salir indemnes de tantas tropelías, sea Bankia o sea la guerra de Irak, nunca tendrán necesidad de hacerlo

Hacían una buena pareja. Acodados en la barra de un elegante bar del distinguido barrio madrileño de Salamanca, aquellos dos pimpollos franquistas de chaqueta ajustada y corbata voluminosa saboreaban su vermú con aceituna y miraban de frente al futuro, confiados en su buena estrella, el mundo será nuestro, que para algo descendemos de la pata del caballo del Cid. José María Aznar y Rodrigo Rato siempre han sido así de soberbios, arrogantes y fatuos. Tal como hoy les vemos. Nunca les importó la mentira, que ellos tienen miras más altas que preocuparse de cosas tan simples como la verdad. Se cebaba ayer el exbanquero, cercado en los tribunales por mil y una inmundicias financieras, en sus compañeros de partido, en un espectáculo pornográfico que recordaba a los espectadores aquellas películas de gánsteres, donde el jefe de un clan mafioso culpaba a otro jefe de la misma banda de los delitos cometidos con impunidad y a plena luz del día, que ellos de nada se tienen que ocultar, gozando como gozan de los favores de los dioses. Han sido ellos los culpables, clamaba con su tono habitual de señorito consentido. Y no, jamás esperen que cambien, que si han sido capaces de salir indemnes de tantas tropelías, sea Bankia o sea la guerra de Irak, nunca tendrán necesidad de hacerlo. ¿Discreción, compostura, humildad? Miserias para cobardes.

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