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Sofá Sonoro | reportaje

1968: la mejor cosecha de la mejor década

Cincuenta años después, los discos de 1968 siguen figurando entre los mejores discos de todos los tiempos y el curso como el más notable de la historia de la música

Janis Joplin durante una actuación en Nueva York 1968 /

El intenso viaje musical de los años sesenta eclosionó en 1968, quizá el curso con mejor cosecha musical de la historia tanto por discos como por nombres. Aquel año faltaron Bob Dylan, Leonard Cohen y pocos más. Casi todas las grandes bandas y cantantes firmaron trabajos inmensos en aquellos doce meses de hace ya cincuenta años.

En 1968 llegaron discos de los Beatles y los Stones, de Van Morrison y la Creedence, de Zappa y Aretha. También de Pink Floyd, James Brown, la Velvet, los Doors, Etta James, Janis Joplin o Jimi Hendrix. Artistas de los más diversos estilos y edades coincidieron en las tiendas en un año inigualable en el que resulta imposible hacer una lista con lo mejor del curso.

Cincuenta años después, el tiempo ha tratado bien a la mayoría de esos trabajos que siguen siendo obras mayúsculas que todavía venden bien en las tiendas que quedan. De aquel año es el eterno Dock of the bay, el disco póstumo de Otis Redding, que llegó al número 1 con aquella canción inacabada y melancólica. También fue el año del disco blanco de los Beatles, un álbum que llegó tras el eterno Stg Peppers y que es, quizá, uno de los trabajos más completos de la banda de Liverpool. Aquel disco tuvo como respuesta el Beggars banquet de los Stones, un álbum fabuloso de principio a fin y con algunas de sus mejores composiciones.

SOFÁ SONORO | Tercera temporada completa / A.C

Debutantes: Morrison y The Band

En 1968 también hubo descubrimientos reveladores como el de The Band, que con su Music from the Big Pink se presentaron en sociedad tras acompañar a Dylan en sus años más convulsos. Más impactante resultó el primer disco de Van Morrison tras el agitado final de Them. Astral Weeks figura, medio siglo después, entre lo más destacado de su extensa discografía y sus canciones mantienen toda su fuerza y su magia. Aunque el álbum más innovador de aquel año fue el debut de Doctor John con Gris-Gris, una apuesta por la psicodelia al estilo de Nueva Orleans que no fue apreciada en su día pero que ha sido reclamada con el paso de los años. Esa sensación de incomprensión acompañó siempre a la Velvet Undeground, que tras debutar en 1967, editaron en invierno White Light / White Heat, otro fracaso de crítica y público que ha terminado siendo uno de los trabajos más apreciados por los seguidores de la banda.

La puerta de la innovación más atrevida se había abierto el verano anterior y en 1968 la cruzaron grupos como los Doors con Waiting for the sun, Zappa con We're only in it for the money o Hendrix con la locura de Eletric Ladyland, un trabajo que coincidió con el Wheels of Fire de Cream alimentando el pulso entre Hendrix y Clapton por ver quien llevaba más lejos el sonido de sus guitarras.

Country y folk: visita a la cárcel

Entre tanta joya, decenas de discos pasaron desapercibidos. Johnny Cash editó su intenso directo desde la prisión de Folsom en enero, una entrega que abanderó la cosecha de discos de country en la que destacaron los álbumes de Merle Haggard, que publicó tres aquel año, o Dusty Definitely, el fabuloso cuarto trabajo de la inglesa Dusty Springfield, menos potente que el Just because im a woman de Dolly Parton, mujeres que brillaron entre tanto hombre y que acompañaron a Janis Joplin, que grabó aquel año joyas como Piece of my heart, Nancy Sinatra, Joni Mitchell, Joan Baez o Diana Ross.

Música negra: Aretha, James y Muddy

Aretha Franklin durante una actuación a final de los 60 / GETTY IMAGES

También fue un gran año para los amantes de la música negra. Al margen de la última entrega de Otis Redding también se editaron discos de enormes de artistas como Etta James y su Tell mama, trabajo que coincidió en fechas con el espléndido Lady soul de Aretha Franklin, un álbum que llegó tras las dos poderosas entregas que publicó la cantante en 1967 y que consolidó la edad de oro de la carrera de la gran diva del soul. Tres discos en total entregó Franklin aquel año, uno de ellos el fabuloso directo en París, y seis firmó James Brown, con ese ritmo de trabajo tan suyo que nadie más podía seguir. Más comedido en número y menos en formas estuvo Muddy Waters, que aquel curso presentó Electric Mud, un polémico disco que mezclaba su blues con la psicodelia de Rotary Connection y que ha envejecido bien a pesar de que no llegó a emocionar en su día. Aunque el disco de blues más llamativo de aquel año lo firmaron los californianos de Canned Heat con Boggie with Canned Heat, un segundo disco con temas propios y canciones tan poderosas como On the road again. También resulta inolvidable -aunque menos conocido- el Ball and Chain de Big Mama Thornton, un disco que tomaba el nombre del tema de Thornton que Janis Joplin había convertido en un éxito después de interpretarlo en el Festival de Pop de Monterrey de 1967.

La cosecha de aquel año que aproximaba el final de la década fue espléndida, difícil de igualar e imposible de olvidar. Demasiados discos y demasiado buenos. Muchos de los álbumes editados en aquellos doce meses aparecen irremediablemente en cientos de listas de los mejores discos de la historia. Se podría debatir durante horas sobre si 1968 tuvo mejor música que el 67 o el 66, sin duda los tres mejores cursos de aquella década que configuró el funcionamiento de la música popular y en parte por culpa de muchos de los artistas que publicaron disco aquel año.

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