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El dietario de Ramoneda

Lo legítimo y lo ilegítimo

Josep Ramoneda reflexiona sobre la legitimidad en el desgaste del PP y el bloqueo en la política catalana

Un sondeo del País coloca a Ciudadanos en cabeza de unas eventuales elecciones. Evidentemente, a estas alturas del partido, con el impacto de las elecciones catalanas como viento de cola y sin una cita electoral inminente la encuesta tiene poco valor como pronóstico pero como mucho como indicio. ¿De qué? Pues sencillamente del desgaste del PP y de la atonía de la izquierda. Los cantores del estilo Rajoy tendrán que empezar a revisar sus partituras. El mito del hombre que resolvía los problemas sin hacer nada, ha cocido a fuego lento al PP, que se encuentra ahora a la defensiva, sin un discurso poderoso con el que disimular el deterioro de un partido muy acomodado y marcado por la corrupción.

Atrincherado en las franjas de mayor edad de la población, incapaz de renovarse, se encuentra ahora asediado por un grupo de jóvenes con más apariencia que discurso, pero sensibles al giro a la derecha que vive Europa. Y se le achica el espacio. Rajoy es un superviviente dicen. Sí es así, no tardará en aplicar un viejo principio: Que pierda otro. O sea, irse a tiempo.

No será fácil. Ni la política ni la justicia facilitan el aterrizaje del independentismo después del choque. Y esto da vida al carrusel de soluciones imaginativas de Puigdemont, que se resiste a asumir la realidad. Y no hay señales de que la situación cambie. Un ejemplo del momento aporético en que estamos: el juez Llarena niega a Junqueras la posibilidad de acudir al parlamento, entre otras razones, porque el ejercicio de la función representativa puede ser instrumento para volver a delinquir. Y, sin embargos, los ciudadanos han vuelto a colocar a Junqueras en el ejercicio de la función representativa. ¿Cómo salimos de este embrollo?

Se necesitan estadistas, me dice un amigo. ¿Qué es un estadista? Alguien con autoridad que sabe federar más que confrontar. Y por tanto imponer el respeto entre las partes en conflicto. No se avistan.

Decía el filósofo Claude Lefort que la democracia vive en un debate permanente sobre lo que es legítimo y lo que no es legítimo. Aquí sobre lo legítimo y lo ilegítimo se construyen barreras infranqueables.

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