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LO QUE EL CINE NOS DEJÓ

Delgada, elegante y encantadora

Recordamos a Audrey Hepburn en el 25 aniversario de su muerte.

Era efectivamente muy delgada. Ella decía que no le gustaba esa delgadez, ni su cuello ni su rostro anguloso pero todo el mundo alababa su belleza y su exquisita elegancia. Una elegancia que no era solo externa sino que nacía de su interior. En realidad se llamaba Heda, era hija de una baronesa holandesa y de un banquero inglés que les abandonó cuando la niña tenía seis años. Durante la Segunda Guerra Mundial vivía en Holanda y pasó hambre y penalidades. De hecho esa inanición determinó su físico escuálido e impidió que cumpliera su sueño de ser bailarina.

Comenzó a trabajar en el cine en 1950 participando en varias películas británicas con papeles insignificantes. En 1951 viajó a la Riviera francesa para trabajar en la película “Americanos en Montecarlo”. Al rodaje asistía como espectadora la artista y escritora Colette, autora de la novela “Gigi”. Colette se quedó fascinada con la joven y se la llevó con ella a Broadway donde se estaba preparando la adaptación musical de su obra. Audrey Hepburn interpretó durante dos años el papel de “Gigi” en los escenarios, papel que le valió ser elegida para la película que definitivamente lanzaría su carrera cinematográfica: “Vacaciones en Roma”.

La película estaba diseñada en un principio para el lucimiento de Gregory Peck pero fue Audrey quien se llevó los mayores halagos y el Oscar a la mejor actriz con tan solo 24 años. Eran los años 50, la época de estrellas despampanantes y llenas de curvas a lo Sofía Loren o Marilyn Monroe. La imagen delgada, fina y elegante de Audrey supuso una ruptura en la moda femenina. Impuso los zapatos planos y la sobriedad de los diseños que modistos como Givenchi creaban para ella. El pelo corto y el flequillo a mitad de frente se convirtió en una de sus señas de identidad y en uno de los peinados más imitados del mundo, entonces y ahora.

Sus papeles fueron muchas veces de cenicienta como en “Sabrina”, “Una cara con ángel” o “My fair lady”. También de locuela como en “Desayuno con diamantes” o de idealista como en “Historia de una monja”. Sus compañeros de rodaje y los directores que trabajaron con ella siempre hablaban de su ternura y su amabilidad. Por ejemplo, Cary Grant solía decir que lo que siempre pedía por Navidad era otra película con Audrey Hepburn, y Billy Wilder aseguraba que bastaban cinco minutos a su lado para enamorarse de ella. Pero a pesar de su éxito con todas estas películas y otras como “Charada”, “Dos en la carretera”, “Los que no perdonan” o “Sola en la oscuridad”, Audrey Hepburn nunca consideró que el cine fuera el centro de su vida. En 1967 se separó de su marido, el actor Mel Ferrer, se casó con un psiquiatra italiano y decidió abandonar el cine. Se trasladó a Roma y vivió como una persona corriente durante varios años. No regresaría a las pantallas hasta 1976 con la película “Robin y Marian”.

Audrey Hepburn trabajó en una treintena de películas, ganó un Oscar y logró cuatro nominaciones más. También consiguió un Emmy, un Tony y un Grammy, siendo una de las pocas personas que han ganado los cuatro premios grandes del mundo del espectáculo. Su última película fue “Always, para siempre” de Steven Spielberg, estrenada en 1989 y en la que interpretaba a un ángel. Murió el 20 de enero de 1993 a los 63 años de edad, víctima de un cáncer de colon.

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