El dietario de Ramoneda

Hable con Millet

Josep Ramoneda reflexiona sobre el Caso Palau y la Junta Directiva Nacional del PP

Por fin, el famoso 3 por ciento de Convergència ha dejado de ser un mito de sus adversarios. Pura realidad: el Tribunal del caso Palau condena a Millet y Montull a la cárcel y a Convergència por recibir 6,6 millones en comisiones de obras. Hubo un tiempo que cuando se pedía ayuda al presidente Pujol para algún proyecto cultural, era usual una respuesta: Hable con Millet. Por aquel entonces, Millet era un intocable de la sociedad catalana, que llegó a seducir incluso al presidente Aznar, cuando frecuentaba Cataluña para cuidar a los convergentes que le habían dado su primera mayoría. Ahora cuando se habla de Jordi Pujol se acostumbra a añadir púdicamente que está alejado de la vida política, Convergència ya no existe transfigurada en al fantasmagórico Pdecat, Artur Mas, la pasada semana, dio otro paso al lado, con todos los indicios de definitivo, y a Millet le espera la cárcel. Ecos de una época en que el nacionalismo convergente se sentía y dueño señor de Catalunya.

Los ritmos lentos de la justicia han propiciado que coincidieran en la misma semana la sentencia por el caso Palau, y el inicio del juicio a la trama valenciana del PP de la Gürtel. El PP y Convergència como campeones de la cara más oscura del régimen: la corrupción. Una gangrena que se coció en la transición, en que los partidos necesitaban dinero, se creó un espiral de complicidad y su financiación se reguló tarde y mal. Hay dos tipos de corrupción: para sacar rédito de los grandes contratos y para alimentar redes clientelares extensas que garanticen largas hegemonías. PP y CiU han vivido de las dos fórmulas. Y como siempre es higiénico recordar que no hay corrupto sin corruptor.

Rajoy acusa el golpe. Ante los suyos, pasa a la ofensiva con un discurso a la defensiva. Convertido en analista electoral, para levantar los ánimos de un alicaído partido, explicando lo obvio: que el voto cambia de una elección a otra. Y que las encuestas son retrato de un momento. Su orgullo por haber aplicado el 155, cesando a un gobierno elegido democráticamente, algo tan excepcional que es difícil encontrarle un precedente, solo se explica como respuesta a los sectores que le llaman blando y acomplejado. Su afirmación de que a partir de ahora tocará ganar al independentismo haciendo política en Cataluña, invita a una pregunta: ¿por qué no lo hizo antes?

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Cadena SER

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