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La firma

CIUDADANOS, naranja y verde

Ciudadanos ya no es un simple euforizante, ha pasado a ser para muchos una esperanza y eso es el nivel más comprometido

En medio del hartazgo general, toda la actualidad conspira en favor de Ciudadanos. El súperembrollo catalán, al que no se ve salida y con Puigdemont ya en Dinamarca, como una avispa en el bolsillo del pantalón de todos, nos recuerda la hazaña sin premio de Inés Arrimadas; y el juicio Gürtel en Valencia y la sentencia del Palau, su prédica anticorrupción.

Además, el apolillamiento del PP por la atrofia de Rajoy y el desdibujamiento de las izquierdas, que siempre parecen estar en el médico, les ayuda a presentarse como la única formación con salud y con resuello. Ciudadanos es todavía una especie de unidad antidepresiva a la que llega en busca de remedio terapéutico una muchedumbre decepcionada por el PP, pero no solo por el PP. Una muchedumbre que, por el momento, no pide muchos detalles sobre la naturaleza exacta de dichos remedios pero que no va a tardar en hacerlo, porque Ciudadanos ya no es un simple euforizante, ha pasado a ser para muchos una esperanza y eso es el nivel más comprometido.

Inés Arrimadas puso el listón muy alto en un terreno dificilísimo y a Albert Rivera le corresponde luchar para convertirse en hombre de estado, y esas son palabras mayores aún. No sirve un Macron con subtítulos en castellano. Por mucho que le adulen y por muchos que le adulen en este momento tan boyante Rivera no debe dejarse engañar, y no debe engañarse. Su oferta es todavía imprecisa, para muchos es, además, turbia y para todos, inmadura. El partido naranja está aún muy verde. Y él también. Confío en que lo sepa.

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