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Llamada de la historia

Audrey Hepburn

¿Qué contaría Audrey si marcase el 900 100 800?

Tenía exactamente la misma edad que Ana Frank. Ambas teníamos diez años cuando empezó la guerra y quince cuando acabó. Un amigo me dio el libro de Ana en holandés en 1947. Lo leí y me destruyó. El libro tiene ese efecto sobre muchos lectores, pero yo no lo veía así, no solo como páginas impresas; era mi vida. No sabía lo que iba a leer. No he vuelto a ser la misma, me afectó profundamente.

Esta fue mi infancia. También es cierto que nací en una familia privilegiada, y que, aunque nací en un pequeño pueblo belga, mi madre era holandesa y mi padre británico. Así que hablaba con fluidez inglés, holandés, francés, italiano y español.

Podría hablar de mi carrera profesional, pero parece bastante conocida por todos. Empecé vinculada a la danza clásica, era bailarina profesional y luego hice algo de publicidad. De ahí, a un casting, un musical, muchas películas, mejores directores…Y el éxito. Que para muchos reside en esto, en lo profesional, en aquella época y en aquella profesión, el éxito era la fama. Que me llegó pese a ser todo lo contrario que las demás actrices de la época.

Yo no tenía las curvas de mis coetáneas, y los patrones de belleza de entonces no eran los míos precisamente, pero hubo algo que gustó, una suerte de contracorriente. Billy Wilder dijo una vez de mí: “Cuando ella paseaba por el estudio, la gente cuidaba su vocabulario, no es que sea una mojigata, pero posee una clase especial, un estilo personal, una forma de ser que impregnaba todo lo que hacía”.

La interpretación me dio mucho a lo largo de mi vida. También algún amante y mi primer marido: Mel Ferrer. 15 años de matrimonio y un hijo. Mi segunda boda fue con un médico italiano, con quien tuve un hijo pero con el que tampoco fueron bien las cosas, y esto me trajo muchos problemas. Viví muy frustrada muchos años porque mis relaciones sentimentales no iban bien. A pesar de que en la pantalla, todo parecía mejor.

La colección Pequeña&Grande es una serie de cuentos sobre biografías de diferentes mujeres...el dedicado a Audrey Hepburn es especialmente bonito. / Editorial Alba

Con mi segundo matrimonio, me retiré un poco de la vida de rodajes. La vuelta al cine fue con un par de películas, una de ellas del gran Spielberg. Pero finalmente mi vocación salió sola: fue la ayuda, la colaboración con Unicef como embajadora. Ahí sí me vi realizada, en el trato con otros, en lo humano. Me conectó con la esencia, que iba más allá de las películas y los vestidos.

Aunque en realidad, traté siempre de orientar mi carrera de manera que no fueran los vestidos ni las joyas las que destacaran en mi trayectoria. Siempre trabajé con un gran diseñador, con el con el que me entendía perfectamente. Pero no quise nunca ser eso, un vestido sobre una actriz, por eso destaqué mi pelo corto, mi estilo femenino pero enfrentado a un estilo masculino, a un look diferente a lo que la época nos tenía acostumbrados.

Para diferenciarme y sobre todo, para sentirme cómoda con lo que hacía. Imaginen a Tiffany’s: siempre quiso que fuera su imagen, pero nunca lo vi claro.

Afortunadamente, en los últimos años estuve unida a un hombre genial: un holandés con el que compartía labores humanitarias y un gusto por cosas sencillas.

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