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El bloque se resquebraja

El independentismo había ido ensanchando su influencia hasta que trazó su hoja de ruta radical. Desde entonces, reconcentrado en sí mismo, no ha hecho sino avinagrarse

Puigdemont no logró nunca aglutinar a todos los catalanes, pero al menos aglutinaba a los independentistas. Hoy, ya no. Junts per Catalunya y la CUP forman un bando, Esquerra, otro. Es el mayor fracaso del procés. El independentismo había ido ensanchando su influencia hasta que trazó su hoja de ruta radical. Desde entonces, reconcentrado en sí mismo, no ha hecho sino avinagrarse y no ha sido capaz de crecer. Ahora se ha acercado a ese punto de riesgo cuyo principal indicador es la desunión y la fragmentación.

El mayor error del secesionismo ha sido siempre calcular mal sus fuerzas, que eran muchas pero no tantas. Cabía esperar que lo hubieran comprendido cuando culminaron el procés y cuando se toparon con la verdad de sus limitaciones, pero parece que solo lo ha aprendido Esquerra, que es un partido veterano y conoce los zigzags de la historia. Junts per Catalunya es una concentración de fervorosos y la CUP se mueve por una lógica revolucionaria; la realidad presente no les vale, debe ser modificada de arriba abajo. Lo que ocurre es que hay un aspecto de la realidad que no hay forma de soslayar, y es la realidad legal.

Por eso el independentismo cometería otro gigantesco error de cálculo si se empecinara en forzar lo que la legalidad vigente no va a permitir porque lo que necesita para hacer valer su resultado es buscar a toda velocidad una alternativa a Puigdemont. Digo a toda velocidad porque cada día que pasa el enconamiento interno aumentará y hará más difícil cualquier acuerdo. La línea que separa la perseverancia de la obsesión es bastante tenue. Por no haberla apreciado muchos, acabaron de muy mala manera.

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