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Rasputín: el profeta inmortal

Asesinado en cuatro ocasiones, pero muerto sólo en una, la leyenda del profeta ruso todavía se mantiene viva en sus escritos y dentro de un tarro colmado de formol

Sabemos que Rasputín fue asesinado, entre otros, por un primo del zar y un príncipe ruso tras una fiesta en Petrogrado (la actual San Petersburgo), por entonces capital del imperio, a la que había sido invitado la noche del 29 a 30 de diciembre de 1916, fecha del calendario gregoriano. Rusia, en aquella época, se regía por el calendario juliano y por eso en algunas biografías suyas aparece como día de su muerte el 16 de diciembre. Lo cierto es que el príncipe Yusupov y sus cómplices asesinaron a Rasputín 23 días después de haber escrito esas palabras, primero intentando darle cianuro en su bebida. Al no observar resultado alguno, le dispararon cuatro tiros en la espalda. Ni con esas. No pudiendo acabar con su vida, le golpearon fuertemente en la cabeza y después, para rematarlo, le arrojaron al río Neva. Luego se comprobó que Rasputín había muerto ahogado.

Como recuerdo, dicen que el miembro viril le fue amputado y hoy es conservado y expuesto en un museo de San Petersburgo. Ante la vitrina puede leerse: "Pene de Rasputín, asesinado en San Petersburgo la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916. 28,5 cm". Dieciséis meses después de la muerte de Rasputín, el Zar de Rusia y su familia fueron asesinados por los revolucionarios bolcheviques. La profecía se cumplió en todos sus términos.

Una carpeta con 500 páginas de documentos, propiedad del director y violonchelista ruso Rostropovich, ha arrojado nueva luz sobre la personalidad y andanzas de Rasputín. El archivo sirvió para elaborar Rasputín: La última palabra, una biografía escrita por el historiador ruso Edward Radzinsky presentada en Londres en el año 2000 y que da otra versión sobre su asesinato y ahonda en su relación con la zarina Alejandra y el estilo de vida licencioso del “monje negro” o “monje loco”. Entre los documentos figuran varios telegramas de la zarina, esposa de Nicolás II, en los que se dirige a Rasputín nombrándole de una manera muy cariñosa.

Tenía cualidades de místico, de sanador y también de profeta. No solo pronosticó su propia muerte en una carta dirigida a la zarina, sino que otra de sus profecías adquiere hoy actualidad en relación al medio ambiente y al cambio climático:

"El aire que hoy desciende a nuestros pulmones para llevar la vida, llevará un día la muerte. Y llegará el día en que no habrá montaña ni colina; no habrá mar ni lago que no sean envueltos por el hálito fétido de la Muerte. Y todos los hombres respirarán la Muerte, y todos los hombres morirán a causa de los venenos suspendidos en el aire... Enfermarán las plantas y morirán una tras otra. Los bosques se convertirán en un enorme cementerio, y entre los árboles secos vagarán sin rumbo hombres aturdidos y envenenados por las lluvias venenosas".

La pregunta hoy en día sigue en pie: ¿estaba realmente loco o veía más que otros? ¿Ejerció tanta influencia en la caída de la familia Romanov?

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