La columna

Plan

El patético tuit en el que Puigdemont reconoció al día siguiente que es humano y duda, induce a pensar que, en efecto, Comín le traicionó

No es frecuente que la actualidad política nos enfrente con nuestros hábitos de personas corrientes, pero al ver los mensajes de Puigdemont en el móvil de Comín, pensé en mí antes que en ellos. Por eso no me creo que una cámara de televisión captara por azar esa pantalla con cinco mensajes angustiados y ninguna respuesta. Si un amigo me escribiera que todo ha terminado porque los nuestros nos han sacrificado, no le daría la oportunidad de enviar un segundo mensaje. Si no pudiera llamarle, se lo explicaría, intentaría tranquilizarle, y le prometería una llamada inminente. La única explicación verosímil de que en ese móvil no pueda leerse ni una sola palabra de su dueño, es que él mismo las borró para componer una bonita historia. ¿Se convirtió así en un traidor más? ¿A qué, a quién? No lo sé.

El patético tuit en el que Puigdemont reconoció al día siguiente que es humano y duda, induce a pensar que, en efecto, Comín le traicionó. Pero la imagen de los mensajes sigue siendo demasiado nítida, demasiado perfecta, como para limitarse a eso. Se podría pensar que el exconseller actuó por lealtad a la presunta república catalana, intentando eliminar un candidato inviable para la investidura, pero la celeridad con la que el presidente del Parlament ha confirmado que no hay otro, lo pone en duda. Sólo hay algo que sé con certeza. Puigdemont en efecto es humano, porque se equivoca al decir que ha triunfado el plan de Moncloa. Eso no puede ser, porque si hemos llegado hasta aquí, es porque en Moncloa nunca ha habido ningún plan.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?