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El ojo izquierdo

De dúos y triángulos

No hay ahora mismo, y no se vislumbra en lontananza, un partido que pueda gobernar en solitario. La consecuencia es obvia: quien se siente en La Moncloa tras las próximas elecciones tendrá que hacerlo con la ayuda de otro partido.

Aún queda alguna brizna del sondeo del CIS sin examinar. Conviene, por ejemplo, destacar un hecho que los datos demuestran sin duda de ningún género: no hay ahora mismo, y no se vislumbra en lontananza, un partido que pueda gobernar en solitario. La consecuencia es obvia: quien se siente en La Moncloa tras las próximas elecciones tendrá que hacerlo con la ayuda de otro partido. Y ahí comienzan las complicaciones, porque ya se sabe que las campañas electorales las carga el diablo.

A la vista de que el adelantamiento -¿es necesario decir sorpasso?- ya no se va a dar en la izquierda, Podemos sobre el PSOE, sino que la batalla se dirime en la derecha, donde Ciudadanos amenaza –más o menos- la supremacía manifiesta del PP, ¿cómo se presentarán antes de las elecciones, amigos o contrincantes? Y las luchas encarnizadas, como todo el mundo sabe, dejan demasiados cadáveres. Pero aún más complicado lo tiene el PSOE. Solo con Podemos, por mucho que sea mentar la bicha, no se salta el listón. Sumen cuantas veces quieran, que se quedan muy lejos, lejísimos, de acercarse a la mayoría. Tampoco es fácil que pueda gobernar con la única ayuda de Ciudadanos. ¿Entonces? ¿De nuevo el imposible triángulo de las Bermudas? ¿Y cómo se hace de esa guisa una campaña electoral, que si te tapas la cabeza te destapas los pies?

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