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La opinión

¡Viva la filosofía!

Cada vez nos interesa menos escuchar o tener en cuenta opiniones contrarias, puntos de vista diferentes

¿Qué creen que es más importante hoy en día, o más valioso: ser famoso o ser influyente? Se pueden ser ambas cosas, ya lo sé, pero puestos a elegir, ¿a quién se arrimaría antes: a un personaje archiconocido o a alguien sin ninguna –o con escasa– relevancia, pero dueño de ideas potentes? Que cada uno elija lo que quiera, igual se estarán preguntando: ¿y esto a qué viene? pues miren, si son ustedes seguidores habituales de La ventana ya sabrán que desde hace meses tenemos una sección dedicada a la filosofía.

Puedo asegurarles que no es un capricho ni una excentricidad, sino fruto del convencimiento de que ahí, en la filosofía, podemos hallar respuestas a un montón de preguntas –y problemas– de nuestro tiempo. Bueno, pues la visita a España del filósofo surcoreano Byun-chul-han creo que lo confirman al cien por cien: lo de que la filosofía es una herramienta actual y lo de la gente poco conocida pero muy valiosa.

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Yo tampoco había oído hablar mucho de Byun-chun-hal, pero me interesan muchísimo algunas de las cosas que dice. Por ejemplo: “que la aceleración con la que vivimos disminuye la capacidad de permanecer”, o que “hemos cambiado las relaciones por las comunicaciones”, o que hoy –al contrario de lo que ocurría en el mundo de Orwell– “no tenemos consciencia de que nos dominan”. Pero nos dominan, ¡ya lo creo que nos dominan! Byun-chul-han describe nuestra sociedad como “hiperconsumista, ultranarcisista y neoliberal”. Y finalmente mete el dedo en la llaga, da en el centro de la diana cuando habla de “la expulsión de lo distinto y el infierno de lo igual”.

Ese es el tema, ahí radica –en mi modesta opinión– el más importante y más perverso paradigma de este nuevo mundo propulsado por el tsunami digital: que sólo nos relacionamos, sólo escuchamos, sólo nos alimentamos de los nuestros. Y así nos va. Porque ese fenómeno, si lo pensamos un poco, está presente en todos los ámbitos: en la política, desde luego, pero también en la cultura, en la economía, en el consumo, en la educación… incluso en los debates que pueden parecer más triviales.

Cada vez nos interesa menos escuchar o tener en cuenta opiniones contrarias, puntos de vista diferentes.Resumiendo, por si no me he explicado bien: que vivimos en el imperio del “este es de los nuestros” y del “a por ellos”.

Les suenan los dos conceptos, ¿verdad? pues eso, ¡que viva la filosofía!

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