La polémica del día

¿Si gobiernas, no forniques con subalternos?

Dice el primer ministro que no es una medida moral, pero esta intromisión en la vida íntima de personas libres y adultas huele mucho a ello

El primer ministro de Australia ha prohibido las relaciones sexuales de sus ministros, casados o no, con sus subalternos. Una medida con la que pretende responder al escándalo suscitado al conocerse que su viceprimer ministro, Barnaby Joyce, separado hace dos meses de su mujer con la que tiene cuatro hijos, espera otro de su antigua asesora de comunicación.

Desconocemos la interferencia negativa que el coito con un subordinado pueda tener en la acción de gobierno, pero suponemos que no será mayor que la derivada del voto de castidad o de la práctica del sexo dentro del matrimonio. Dice el primer ministro que no es una medida moral, pero esta intromisión en la vida íntima de personas libres y adultas, que no ha desvelado cómo piensa controlar, huele mucho a ello. Otra cosa es la coherencia política. Es decir, que un político que defiende con uñas y dientes en público la familia tradicional, como es el caso del político pillado, lleve una doble vida que contradice su discurso. Como si un obispo que impone penitencias al incasto se dedica después al fornicio. Pero eso no se resuelve con normas extravagantes con las que pagan justos por pecadores, sino con ceses. Y a esta hora, que sepamos, el viceprimer ministro australiano sigue en su cargo.

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