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¿Sabe alguien qué se hace ahora?

El independentismo, aunque debilitado, sigue ahí, es mayoría en el Parlamento y con su hoja de ruta renovada

Mañana puede haber gobierno en Cataluña. Las negociaciones entre Junts per Catalunya, Esquerra y CUP están a punto de llegar a buen puerto y, según todos los indicios, en las próximas horas se cerrará un capítulo absolutamente anómalo y se dará un paso hacia la normalidad. Eso sí, un solo paso, y hacia una normalidad precaria y llena de incógnitas. El paso no es nada menor, desde luego, porque significará el final de la excepcionalidad del 155 y la recuperación de la autonomía catalana. Pero dejará flotando un par de excepcionalidades más, de tan grueso calibre que presagian problemas muy serios. Una, el papel de Puigdemont, que no sé cómo se anunciará pero al que, sin duda, se le va a otorgar un poder referencial que actúe como una conciencia en el exilio encargada de mantener vivas sus dos grandes banderas: la legitimidad y la memoria del atropello. Y la otra excepcionalidad será la que afecte a quien se elija president de la Generalitat si es, como parece, Jordi Sánchez, ahora en prisión provisional y que, muy seguramente, será inhabilitado en breve.

Un horizonte, pues, lleno de nubarrones, con todos los problemas donde estaban y sin que quepa ni siquiera soñar con que a estas alturas la política pueda aproximar a los dos universos enfrentados, con el agravante de que las actuaciones que se reclamaban para poner orden ya se han ejecutado todas. El Gobierno central ya puso en marcha el 155, la justicia ya imputó y encarceló a los líderes independentistas, ya se celebraron elecciones y ganó Ciudadanos. Pues bien, el independentismo, aunque debilitado, sigue ahí, y es mayoría en el Parlamento y con su hoja de ruta renovada. ¿Sabe alguien qué se hace ahora?

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