La opinión

El valor de la fama

Quiero saludar el gesto de toda esa gente famosa que tiene una cara menos conocida pero muy valiosa, que es la del altruismo y el compromiso

Hace tiempo, mucho tiempo ya, que la tele y las llamadas revistas del corazón ejercieron una especie de pinza, de contubernio no escrito que alumbró el nacimiento de los “famosos”, los famosos como categoría social, como tribu. Luego ya, con las redes, con internet y toda la mandanga, el concepto se ha vulgarizado o se ha democratizado, según queramos verlo; pero en esa definición genérica de famosos la verdad es que cabe de todo: futbolistas, actores, actrices, cantantes, youtubers, aventureros, periodistas, investigadores, algún escritor –o escritora–, algún filósofo, bastantes pamplinas también muchas veces famosos –o famosas– a su pesar.

Pero yo querría fijarme hoy en los que aprovechan esa proyección pública para meterse donde nos les llaman. Me explico. ¿Qué pintan, por ejemplo, los hermanos Bardem en la Antártida? ¿O qué se les ha perdido a Elena Anaya o Pau Gasol en Etiopía? o a David Bisbal en Nepal, o a Iker Casillas en Mali, o a Rafa Nadal en la india… son tantos –y tantas– que la lista sería interminable.

Cadena Ser

Yo quiero hoy saludar el gesto, de toda esa gente famosa que tiene una cara menos conocida pero muy valiosa, que es la del altruismo y el compromiso. Y lo vamos a simbolizar en una pareja que se va a asomar esta tarde a La Ventana: Clara Lago y Dani Rovira. Una pareja de moda, sin duda, que ha tenido que batallar en más de una ocasión para preservar su intimidad, un cierto ámbito privado, pero que fuera de focos y de ruido se han marchado con “Save The Children” a Bangladés para conocer –y denunciar– una de las grandes tragedias olvidadas de nuestro tiempo: la del pueblo Rojinya, perseguido y masacrado en Birmania.

Yo tengo muchas ganas de hablar con ellos, que nos cuenten cómo les ha ido, porque no sé si el gesto servirá para que acudan más espectadores a ver sus películas, o los monólogos de Dani, que son fantásticos; no tengo ni idea. Pero si sé que la próxima vez que se crucen con ellos por la calle, que coincidan en un restaurante o donde sea, además de pedirles un selfie o darles la enhorabuena por su trabajo –o ponerles a parir, que también se puede hacer– a lo mejor también pueden felicitarles por esto. Yo, desde luego, pienso hacerlo.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?