La polémica del día

¿Y qué nos importan los rohinyás?

No, son rohinyás, no cotizan ni son capaces de atravesar el mundo para pedirnos refugio y nadie guerreará por ellos

Dicen que la distancia es el olvido. Y la máxima se cumple con precisión matemática en muchos conflictos que salpican el planeta pero que permanecen ocultos tras una espesa bruma. Cuando a la distancia física se une la distancia cultural, política, religiosa, económica y hasta idiomática, la bruma del olvido se vuelve de hormigón. Sucede ahora con los rohinyás, una minoría étnica birmana cuyos miembros son apátridas en su propio país desde que se independizó y cuya persecución constante se ha vuelto en los últimos meses limpieza étnica.

Pero qué nos importa que la crisis haya expulsado a un millón de rohinyás al vecino Bangladesh, que la mitad sean niños, que tras el éxodo hayan destruido sus casas, torturado a sus hombres y violado a sus mujeres… ¿Han temblado las bolsas, pedirán asilo en nuestros países, estallará un conflicto armado? No, son rohinyás, no cotizan ni son capaces de atravesar el mundo para pedirnos refugio y nadie guerreará por ellos. Seguirán siendo parias aplastados ante nuestra indiferencia y con la complicidad de la doble ministra birmana Aung San Suu Kyi, a quien Europa ha honrado con los premios Nobel de la Paz, Sajarov, Olof Palme, Václav Havel y Legión de Honor francesa como adalid de los Derechos Humanos.

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