La firma

El 9 de marzo y siguientes

Ya no van a ser posibles ni la neutralidad, ni la indiferencia, ni el pasotismo. O nos incorporamos al feminismo activo o nos colocamos de espaldas a la justicia y a la historia. Yo me incorporo al feminismo activo

Sólo los recalcitrantes y los muertos de miedo insisten en presentar la jornada de mañana como la locura de una turba rabiosa de mujeres incendiarias. La inmensa mayoría ha terminado por entender que estamos ante un acelerón social a escala global que escribe las primeras líneas de un nuevo capítulo en la historia de la relación hombre-mujer, o sea, en la historia a secas; que después de décadas de lucha por sus derechos, las mujeres del mundo han decidido que no se conforman con seguir arañando los que les faltan, al ritmo que marquemos los varones, y que ha resuelto hacerse con las riendas, y que además exigen un viraje que obliga a todos a releer con una mirada nueva su papel en la sociedad. Un hecho muy relevante que a cualquier persona que no esté atiborrada de prejuicios le ha de interesar comprender.

Precisamente esta relevancia y su impacto en las opiniones públicas constituyen el primer éxito de la movilización de este 8 de marzo. Luego hará falta ganar las batallas del 9 de marzo y siguientes, porque a partir de ese día nos toca a nosotros, a los hombres, pasar a limpio lo que hayamos aprendido. Lo que yo he aprendido es que, una vez recogido el mensaje de ese día, claro como el agua clara, ya no van a ser posibles ni la neutralidad, ni la indiferencia, ni el pasotismo. O nos incorporamos al feminismo activo o nos colocamos de espaldas a la justicia y a la historia. Yo me incorporo al feminismo activo.

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