La opinión de Carles Francino

Como el gol de Iniesta

Si hace dos días estaba nervioso, hoy me siento orgulloso de vivir en un país, en una sociedad donde ocurren estas cosas

Hace un montón de tiempo que andamos buscando en este país algún elemento que nos cohesione, que nos galvanice, que nos haga sentir orgullosos. Algo que nos saque de la bronca diaria, del sectarismo, de la desconfianza, de ese Duelo a garrotazos de Goya en el que tan a menudo nos vemos reflejados.

No hace falta que les recuerde, por ejemplo, cómo lo ocurrido en Catalunya durante los últimos meses ha acabado de crispar el ambiente y de enfrentarnos; la incapacidad política de unos y el suicidio ilegal de otros, reiterado ayer mismo con el diseño de un nuevo “procés” de tintes surrealistas, han desembocado en un carajal del que ya veremos cuándo y cómo salimos. No es sólo eso, ¿eh? porque la corrupción a lo grande, la desigualdad, la precariedad, la pobreza, la demagogia y la miseria moral en no pocos ámbitos han creado una atmósfera que muchos días nos asfixia.

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Pero hete aquí que se nos ha cruzado por el camino el 8 de marzo y que España se ha convertido en referente mundial de la lucha por los derechos de las mujeres, de la batalla feminista. Y yo, se lo digo con toda sinceridad, si hace dos días estaba nervioso, hoy me siento orgulloso. Orgulloso de vivir en un país, en una sociedad donde ocurren estas cosas. Y esto no tiene que ver ni con banderas, ni con patrias, ni con siglas, ni con nada. Tiene que ver con la dignidad y con las ganas de cambiar el mundo, de dejarles algo mejor a los –y a las– que vienen detrás.

¿Saben una cosa? No me sentía así de orgulloso –y de eufórico- desde el gol de Iniesta. Con eso ganamos un mundial, pero ayer le marcamos un gol a la historia. Y eso no ocurre todos los días.

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