Palmeras salvajes

Entre el dolor y el espanto

En el antiguo barrio de Ana María Quezada no se termina de entender que alguien con quien se ha convivido tanto tiempo pueda estar detrás de semejante crimen

En el antiguo barrio de Ana María Quezada la idea de que su vecina haya podido matar a un niño de ocho años es dolorosa, pero el hecho de que la policía haya reabierto el caso de la muerte de su hija hace 22 años es directamente insoportable. Se entiende lógico que aquella muerte accidental tenga ahora, cuando la madre es la principal sospechosa de matar a un niño, otra dimensión. Pero no se termina de entender que alguien con quien has convivido con normalidad tanto tiempo pueda estar detrás de semejante crimen. En Gamonal los vecinos callan, sobrellevan el dolor como pueden y esperan a que el foco deje de ponerse sobre la calle en la que Ana María Quezada vivió veinte años de su vida.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?