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Händel, un genio de la música

Georg Fridrich o Jorge Federico Händel, fue un compositor de origen alemán posteriormente nacionalizado inglés, considerado una de las cumbres del barroco y uno de los compositores más influyentes compositores de la música universal, junto con Bach que, por cierto, nacieron en el mismo año (1685)

Retrato de Händel, por Balthassar Denner (1727) /

Su padre se empeñó en que se convirtiera en abogado, pero los designios del joven Händel iban por otro lado y pronto mostró un excepcional talento musical desde su infancia y menos mal.

Después de formarse musicalmente en Hall y en Hamburgo logró el dominio de todos los géneros musicales y se fue a Italia para trabajar como maestro de capilla del príncipe elector de Hanover que, años más tarde, se convertiría en el rey Jorge I de Gran Bretaña. Posteriormente se estableció en Londres durante casi 50 años y allí pasó de todo, todo lo bueno y todo lo malo.

En 1713, a la edad de 28 años, escribió una obra para celebrar el cumpleaños de la reina Ana, por la cual recibió una pensión vitalicia de 200 libras anuales y le convirtió en el maestro no oficial de la música Real. Su sucesor, el rey Jorge I, en 1714 le dobló la pensión. Y su momento de mayor gloria lo alcanzó con la coronación de Jorge II, en 1727, al incluir cuatro himnos compuestos por Händel. Y entre ellos se encuentra "Zadok the priest” donde podemos encontrar el “Himno de la coronación” que suena para la Champions League de la UEFA. Ese mismo año, Händel se nacionalizó inglés y dio a su nombre estilo inglés, convirtiéndolo en George Frederick.

Su inmenso legado musical incluye obras en prácticamente todos los géneros de su época, con 43 óperas, 26 oratorios y conciertos de lo más variados, incluyendo su magistral Música Acuática y Música para los Reales Fuegos Artificiales. Lo malo es que las óperas de Händel poseían un característico sabor italiano y esta moda cambió en los gustos de los ingleses. lo que le obligo a pasar ciertas dificultades tanto con los críticos como con los acreedores.

Una tarde del 13 de abril de 1737 el criado de Händel, Christof Schmidt, encontró en el domicilio del compositor en Londres al corpulento músico tendido en el suelo. Le había dado una apoplejía que casi acaba con su vida. Ese año había escrito cuatro óperas, y se veía día tras día sometido a mucho estrés, grandes presiones que provenían de las divas, de la crítica, además de las deudas que debía soportar.

Le recomendaron tomar baños calientes en el balneario de Aquisgrán y eso sin duda ayudó a su recuperación. Reconoció que esa etapa era como estar en el infierno del que logró salir sano y salvo y con ánimo de componer más óperas y oratorios. Le faltaba aún por poner música a su obra maestra: “El Mesías”, cuyo libreto le llega en otro momento crítico de su vida. En 1740, además de la crisis económica, le atormenta la crisis creativa. Su compañía había quebrado y se movía en una incertidumbre ante el futuro. Los últimos oratorios habían sido un fracaso, pero cuando comenzó a leer el texto de la nueva obra, se dio cuenta de que tenía que hacerlo y cuanto antes: tan solo tardó tres semanas, todo un récord. Händel, una vez que la hubo terminado, levantó la partitura y le dijo a su ayudante: "Me pareció haber visto el rostro de Dios“. El Mesías fue un éxito y nunca antes se había reunido tanto público (700 personas) para contemplar un estreno en Dublín y luego en Londres. Händel nunca cobró dinero alguno por esta obra. "Será siempre para los enfermos y para los presos, pues he sido un enfermo y con ella me he curado; fui un preso, y ella me liberó”.

El éxito no le impidió que se quedara prácticamente ciego siete años antes de morir, con una desastrosa operación de cataratas de un tal John Taylor, el mismo cirujano que operó a Bach. En 1759, al terminar una representación del Mesías, cayó desmayado y nunca más se levantó. Con él y con Bach terminó el barroco y empezó una nueva etapa para la música.

 

 

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