LA SUBIDA DE LA LUZSigue en directo la comparecencia de Teresa Ribera en la Comisión de Transición Ecológica

La firma de Pedro Blanco

Un ejército nada aconfesional

El subdirector de Hora 25 sobre la defensa de Puigdemont, la suspensión de la BWR y la relación entre nuestras fuerzas armadas y el catolicismo

Apuntes para un jueves de semana santa.

Primer apunte: algunos abogados de algunos de los líderes independentistas parecen agentes políticos más que meros representantes legales y deberíamos tenerlo en cuenta al aproximarnos a sus declaraciones públicas. Sus pronunciamientos, en muchos casos, no se inspiran en criterios técnicos sino en juicios políticos. Sus impresiones buscan crear contextos más allá del ámbito puramente judicial y entre abogados y editorialistas andan dinamitando los diques de contención entre los poderes de un Estado. Si en España nos desagrada profundamente la sospecha de la política en las decisiones de los jueces, deberíamos tener el mismo escrúpulo cuando en Alemania un abogado defiende que la política rectifique si hace falta una decisión de la justicia.

Segundo apunte: el dinero es miedoso y los dueños del dinero, siempre son conservadores. La suspensión de la Barcelona World Race es el síntoma de la parálisis por un lado y de la agitación por otro. De la parálisis de un gobierno petrificado durante meses por la crisis catalana, incapaz todavía de tener garantizados unos presupuestos para este año y por otro, de la agitación de una comunidad que ofrece como contrapartida incertidumbre institucional. Pero conviene evitar los aspavientos, la suspensión de esta competición es una mala noticia pero no es la peor cicatriz de esta crisis.

Tercer apunte: después de conseguir un ejército relativamente moderno y comprometido con los valores constitucionales, quizá sea ya hora de avanzar en su aconfesionalidad. Esta identificación entre nuestras -en primera persona del plural- nuestras fuerzas armadas y el catolicismo debería ser superada. Pero mientras eso no ocurra, es sano que nos sigamos planteando si los soldados deben procesionar ante la atenta mirada de varios ministros que cantan el himno de la legión. Es conveniente que nos sigamos preguntando si está justificado que el gobierno conceda medallas a vírgenes, es muy oportuno que discutamos sobre la exhibición de banderas a media asta en edificios oficiales en señal de duelo por la muerte de cristo, es, en fin, muy necesario que no dejemos de cuestionar la infiltración religiosa en el tejido institucional de este país en el que no debería haber más dogma que el de la libertad y la igualdad. Dos tareas pendientes en la iglesia y en el ejército.

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